El ojo y la lupa

Pena de muerte contra la familia tradicional china

En 1937, en el prefacio a la décima edición de Familia (que ahora edita en España Libros del Asteroide), Ba Jin, consagrado ya como una de las glorias literarias de su generación, reclamaba "la pena de muerte para una institución irracional, un régimen moribundo", el de la familia tradicional china, cuyo hundimiento consideraba "algo sin retorno, decidido por las circunstancias y la evolución de la sociedad". Él mismo, con su vida y con sus libros, como éste de perfil claramente autobiográfico publicado por vez primera en 1931, ilustró el comienzo del fin de una forma de entender la "célula básica de la sociedad" que condensaba lo peor del autoritarismo y la superstición e incluso institucionalizaba una cierta forma de esclavitud.

Ba Jin fue un rebelde, como Juehui, el menor de los tres hermanos Gao cuya existencia se desarrolla en una gran mansión, en un entorno patriarcal en el que conviven cuatro generaciones y en que la voluntad del abuelo –más señor feudal que patriarca- es ley que nadie se atreve a desafiar. El anciano decide los matrimonios de los jóvenes de la familia, indiferente a la voluntad de los afectados y, peor aún, negocia la entrega como concubinas de sus criadas más jóvenes, aunque lleven muchos años en la casa, a la que llegaron de niñas. Él determina quién puede estudiar y quién debe renunciar a sus aspiraciones –sean profesionales o sentimentales- para dedicar su existencia a mediar en las disputas entre los miembros de las diversas ramas de la familia, a entretener a viudas o solteras cuyo horizonte vital no va más allá de los muros de la mansión, a resolver los mil y un problemas de la vida diaria que permiten que el feudo siga funcionando.

Familia es la descripción de un universo cerrado y claustrofóbico, de las constantes derrotas de las víctimas de ese sistema social, pero también de la rebelión contra él de la nueva generación, y de la constatación de que, allá fuera, las cosas empezaban a cambiar. Porque, en 1919, época en la que Ba Jin ambienta su novela, la vieja China, si no muerta, sí estaba ya en fase de acelerada y profunda transformación, aunque ese cambio no siempre se filtrase con la misma rapidez por todas las estructuras de la sociedad.

Hacía ya siete años de la proclamación de la república tras la caída de Puyi, el último emperador, cuya vida recreó Bernardo Bertolucci. Y, entre turbulencias y conflictos que no acabarían hasta 30 años más tarde con la proclamación por Mao Zedong de la República Popular China, el desafío a la dictadura de la familia tradicional ya no era imposible. En colegios y universidades se gestaba un cambio alimentado por las influencias externas, políticas y literarias, como las de clásicos occidentales como Zola y Turguéniev, y otros que, como el noruego Ibsen, convertía sus obras dramáticas en alegatos explosivos contra el reflejo en el ámbito doméstico de una opresiva realidad social, especialmente cruel con la mujer. De hecho, Quin , una prima de Juehui, lee unas reflexiones de Nora, la protagonista de Casa de muñecas y comprende que su propia situación no es tan desesperada y que su triunfo sólo depende de su esfuerzo.

En ese ambiente que empezaba a ser propicio para desafiar lo establecido, proliferaban publicaciones progresistas que defendían la transformación social y se libraban numerosas batallas personales que a veces llevaban a rechazar las imposiciones del patriarca, como la concertación de matrimonios o la prohibición a las mujeres de llevar el pelo corto.

En Familia se refleja con precisión casi antropológica ese enfrentamiento entre lo viejo y lo nuevo. La novela, más allá de su indudable mensaje progresista, tiene un valor genuino como descripción de una familia tradicional en un momento de transición. Los numerosos personajes que aparecen en el relato ilustran problemáticas diferentes, tienen fuerza por sí mismos y valor como prototipos.

La obra desprende una autenticidad que se explica a medias por la habilidad del autor, y a medias porque Ba Jin vivió también sus primeros años en un escenario parecido en una casa familiar en Chengdu dominada con mano de hierro por su abuelo.

Las similitudes que el autor presenta con el personaje de Juehui se extienden a las que ofrecen los hermanos mayores, el de la realidad y el de la ficción, ambos prisioneros de tradiciones en las que ni siquiera creían, pero sin posibilidad ni voluntad de escapar de su destino. Sintiéndose atrapado, el hermano mayor de Ba Jin no vio otra salida que el suicidio, tal y como se explicaba en el prefacio a la primera edición. En Familia es una criada adolescente la que opta por esa solución extrema para evitar ser vendida como concubina a un anciano rijoso.

Como Juehui, aunque sin tanto trauma, Ba Jin se fugó lejos de esa realidad opresiva, aprendió idiomas, viajó al extranjero, tradujo a Gorki y Turguéniev, colaboró en revistas progresistas y coqueteó con el anarquismo (su nombre literario proviene de Bakunin y Kropotkin). Poco a poco, fue componiendo una obra literaria en la que destaca su trilogía Corrientes turbulentas, de la que Familia es la primera parte, y que inspiró la ansiedad de cambio de la generación joven destinada a remover los cimientos de la sociedad china. Como tantos otros intelectuales, fue perseguido durante la Gran Revolución Cultural, acusado de contrarrevolucionario burgués y condenado a trabajos forzados. Tras su rehabilitación fue diputado y presidente de la Asociación de Escritores de su país. A un asteroide descubierto por astrofísicos chinos le pusieron su nombre: Ba. Murió el 17 de octubre de 2005, a punto de cumplir los 101 años.

En el ya citado prefacio a la décima edición, Ba Jin explicaba así lo que pretendía con su libro: "No quería escribir la historia de mi familia [sino] de una familia tradicional, con sus luchas internas y sus dramas ocultos. Y quería contar el sufrimiento de los jóvenes que viven en ella (…), en definitiva, la historia de una deserción valiente". La de Juehui y, en cierta manera, la suya propia, aunque sostenía: "Nuestros temperamentos quizás se parezcan mucho, pero nuestra historia fue diferente".