El ojo y la lupa

La epidemia silenciosa

Si algo no es La historia silenciosa es una novela convencional. Surgió con vocación multimedia, de una aplicación para tabletas y smartphones que evolucionó hacia el formato impreso, que ahora publica Seix Barral en castellano. Su origen singular se refleja en la acumulación de testimonios que, insertados de forma cronológica, conforman un relato menos raro de lo que podría temerse, casi lineal. Por encima de la forma narrativa, el libro de Eli Horowitz, Matthew Derby y Kevin Moffett es una ingeniosa pero en absoluto extravagante historia de ciencia ficción que plantea el problema eterno de la dificultad de que las sociedades integren a los diferentes.

La historia silenciosa comienza en 2011 cuando se van conociendo los primeros casos de una anomalía genética que hace que muchos niños nazcan con todos los atributos de normalidad, pero sin que se active la parte de su cerebro que rige la comunicación mediante el lenguaje.

Poco a poco, el fenómeno adquiere proporciones de epidemia y surgen las dudas sobre cómo afrontarla. Es un reto para familias, educadores, científicos, políticos y los propios silenciosos, que se debaten entre reivindicar su seña de identidad clave y el deseo de dejar de ser bichos raros.

Diferentes afectados relatan sus vivencias a un equipo de investigación social, entre 2011 y 2043. Es un periodo temporal que permite reflejar la evolución de la situación desde que los silenciosos son unos niños cuyos padres toman las decisiones que les afectan hasta que alcanzan la madurez y con ella la capacidad –relativa- de decidir su destino. Entre tanto, los científicos buscan cómo devolverles el don del lenguaje. Lo logran, pero de forma que no contenta a todos los afectados por sus indeseados efectos secundarios, pese a lo cual el poder político convierte en obligatoria la imposición del implante milagroso.

Con el paso de los años, los silenciosos dejan de ser una minoría marginal para convertirse en una presencia frecuente que condiciona el tejido social. No es solo que no hablen, es que son diferentes. Y ante esa diferencia, como ante cualquier otra (étnica, religiosa, cultural…), la mayoría dominante reacciona exigiendo la  asimilación. Muchos silenciosos pasan por el aro, pero otros no renuncian a su aspiración de pertenecer a una comunidad propia, a su singularidad. No es un camino fácil: se organizan y se agrupan venciendo todo tipo de obstáculos, se ven obligados a ocultarse, a vivir en bosques, almacenes e incluso silos nucleares abandonados. No está claro si les merece o no la pena ese azaroso peregrinaje, pero supone un admirable ejercicio de libertad y de defensa de su seña de identidad.

La novela presenta una retahíla de historias que ilustran la compleja problemática de los silenciosos. Padres desconcertados, experimentos de escuelas especiales, pruebas de medios de comunicación no verbal, ensayos científicos para actuar en los entresijos del cerebro, soluciones de política sanitaria, afectados que se organizan para defender sus intereses, programas para la inserción laboral, explicación del desarrollo de su sexualidad entre ellos mismos o con hablantes…

La historia silenciosa desarrolla con habilidad todas esas líneas argumentales con mecanismos de la ciencia ficción y el análisis social. No son historias descabelladas. Permiten establecer paralelismos con la realidad, reflexionar sobre problemas de siempre, como la intolerancia a lo diferente.