El ojo y la lupa

Thoreau inspira a Sean Penn

Sean Penn no es sólo un magnífico actor, sino también un inspirado director. Lo demostró con creces en Hacia rutas salvajes, un notable filme de 2007 basado en una historia real que pasó injustamente desapercibido. Relataba la huida de la sociedad en los años noventa del pasado siglo de un joven, recién graduado en la universidad, que se buscaba a sí mismo en la naturaleza, incluso en la más hostil, la de las desoladas tierras de Alaska. Sus grandes fuentes de inspiración eran León Tolstói, Jack London y Henry David Thoreau.

Sobre cualquier otra es evidente en el filme la influencia de Thoreau (1817-1862), escritor y filósofo naturalista norteamericano, precursor de la desobediencia civil, que se negó a pagar impuestos porque el Estado permitía la esclavitud, que predicaba que "todo lo bueno es salvaje y libre" y que glorificó y experimentó él mismo la vida en estrecha comunión con el entorno primigenio, tal y como relata en su obra más conocida, Walden.

La editorial Errata Naturae publica ahora en castellano Un paseo invernal, una pequeña joya en la que, además del ensayo homónimo se incluye otro titulado Caminar. Ambos compendian la obsesión por lo salvaje de su autor. Su lectura no deja ninguna duda de que las ideas de Thoreau estaban en la mente de Sean Penn cuando decidió contar en imágenes la historia extrema de Christopher McCandless.

Escribe Thoreau: "Si estás preparado para abandonar a tu padre y a tu madre, a tu hermano y a tu hermana, a tu mujer, a tus hijos y a tus amigos, y a no volver a verlos; si has pagado tus deudas, si has redactado tu testamento y has dejado tus asuntos en orden; si eres por tanto un hombre libre, entonces estás listo para empezar a caminar".

Eso es justo lo que hace el protagonista del filme: se echa a la carretera, sobrevive a salto de mata privándose de todo lo accesorio, aprovecha cuantas oportunidades tiene de alejarse de una sociedad de cuyos vicios abomina, y disfruta de los fabulosos y salvajes paisajes de su país. Por fin, siguiendo la senda de Thoreau ("¡Que cerca del bien está lo salvaje!", decía) se embarca en una arriesgada aventura de supervivencia en las inhóspitas tierras de Alaska, en las que hallará la muerte, vencido por su amiga Naturaleza, pero no sin rozar antes lo más parecido a su plenitud como ser humano.

La película muestra la indiferencia ante el sufrimiento ajeno, incluso la crueldad, de McCandless, al que no importa el dolor que causa y deja atrás, en sus padres y su hermana, angustiados durante dos años sin saber nada de él, ni siquiera si está vivo o muerto. Hasta que se enteran de que su cadáver ha sido hallado en un autobús abandonado en Alaska convertido en vivienda precaria y donde le atrapa la parca por culpa de unas bayas venenosas que no supo identificar correctamente en el libro de flora y fauna que había convertido en manual de supervivencia. Siguió demasiado al pie de la letra las ideas de Thoreau, que siempre compatibilizó en la práctica los aspectos social y salvaje de su carácter.

La influencia de Thoreau, que fue notable ya mientras vivía, no ha hecho sino acrecentarse desde entonces, alimentando el pensamiento progresista y libertario, dejando su huella en las ideas y las acciones de partidarios de la resistencia pacífica como el Mahatma Gandhi y Martin Luther King, o dando argumentos incluso en la actualidad a indignados diversos, como los del 15-M o los de Occupy Wall Street.

Un paseo invernal es la muestra más reciente de un revival que, en los últimos años, ha alentado la publicación en castellano de sus obras más notables, como Cartas a un buscador de sí mismo y la ya citada Walden (Errata Naturae), el cómic Thoreau, la vida sublime (Impedimenta), El diario (1837-1861) (Capitán Swing) y Desobediencia civil y otros escritos (Alianza).

Pese a su reducido tamaño, Un paseo invernal es Thoreau en estado químicamente puro, un ajustado compendio de su pensamiento. Por ejemplo, de su desafección de la política, "cuya estrechez general, y el camino aún más estrecho que lleva hasta ella, resulta inquietante". O de su desprecio por las leyes, tantas veces injustas: "Hay algo servil en la costumbre de buscar una ley a la que obedecer (…) Una vida plena no conoce ley alguna (…) El hombre que se otorga libertad para vivir está por encima de todas las leyes". Por algo aseguraba: "Mi patriotismo y lealtad hacia el Estado a cuyos territorios parezco retirarme son los propios de un bandolero".

Con todo, los dos ensayos incluidos en este librito son, en lo esencial, un canto a una Naturaleza que Thoreau escribía siempre con mayúscula, "benefactora y amiga", que en sus lugares más agrestes "merece respeto y está dotada de la inocencia más robusta", que tiene ríos que son como "senderos para el hombre que se busca a sí mismo", de cuyos bosques "llegan los tónicos y los bálsamos que revitalizan a la humanidad", que supone la "libertad absoluta", y de la que extraía una "energía espiritual estrictamente proporcional a lo inhóspito del paisaje".

El protagonista de Hacia rutas salvajes engulló estas palabras con fervor religioso, ignorante de que no existe la verdad absoluta. Pero la misma naturaleza con la que pretendía entrar en comunión estrecha le mostró también su cara más terrible y le aniquiló.

Sean Penn, un artista muy comprometido con causas progresistas, demuestra en su película que comparte muchas de las ideas de Thoreau, pero que tal vez piensa que seguirlas a rajatabla puede resultar letal y ser también prueba de egoísmo y crueldad.