El ojo y la lupa

Retratos cubanos de Leonardo Padura

Leonardo Padura es el escritor cubano actual más reconocido internacionalmente. Ha escrito dos novelas que rozan la perfección (El hombre que amaba a los perros y Herejes), es autor de la serie de novelas negras que tienen como protagonista al singular periodista Mario Conde, y ha hecho alguna incursión en el cine: es coguionista junto a Laurent Cantet de la más que estimable Regreso a Cuba. No es exactamente un disidente, pero no duda en mostrar los aspectos menos amables de la vida cotidiana en su país, y se permite de vez en cuando criticar al régimen castrista, que no le aprecia pero le tolera. La materia prima de sus libros y de la inmensa mayoría de sus artículos en prensa es Cuba, incluso cuando el tema teórico es en principio tan alejado de la realidad de la isla como seguir el rastro de un desconocido cuadro de Rembrandt (caso de Herejes).

Tusquets, que ha editado la mayor parte de la obra de Padura, recoge ahora en un volumen relatos publicados entre 1985 y 2009, inexplicablemente presentados sin seguir un orden cronológico, lo que desconcierta al lector que pretenda seguir la evolución en la escritura del autor en ese lapso de tiempo. Hecha esa salvedad, Aquello estaba deseando ocurrir resulta ser un libro tan cubano como el resto de los de su autor, aunque el escenario sea a veces (Los límites del mar, 1987) tan lejano como la Angola a cuyo régimen nacionalista de izquierdas tanto ayudó el castrismo, o el Madrid en el que un destinado en la ex colonia portuguesa hace escala de vuelta a casa porque se muere de ganar de contemplar en el Prado un cuadro de Velázquez (La puerta de Alcalá, 1991).

En Nueve meses con Violeta del Río (2001), la coprotagonista "gozaba en la práctica del amor de la misma destreza maravillosa que desplegaba cuando cantaba boleros". En La muerte feliz de Alborada Almanza (2009), una anciana ya fallecida sueña que se lava con jabón Palmolive y toma café, leche condensada y pastel de guayaba, mientras el arcángel San Gabriel se le muestra como un mulato escultural que quiere llevarla al cielo. En El destino: Milano-Venezia (vía Verona), de 1996, un periodista cubano sin una lira al que le gustaría quedarse en Europa conoce y ama  a una Valeria joven que no le sirve para hacer realidad su sueño, y a una Valeria vieja que quizá sí.

En Mirando al sol (1995), varios jóvenes obsesionados con dar el salto a Florida viven vidas vacías, beben, follan, apuestan en peleas de perros y alguno de ellos exhibe su racismo: "Los negros tienen cinco sentidos, dos para la música y tres para robar". Nochebuena con nieve (1999) es casi un kamasutra cubano que podría titularse Loca noche de pasión entre cuñados, pero con trasfondo de una casa que se cae a pedazos, un amigo preso por malversación, el reflejo de que también en Cuba se puede estar en el paro y, como no, el ansia por emigrar.

Padura ama a su país, y su forma de demostrarlo es no siendo complaciente. No está tan claro, sin embargo, que sea consciente de que, al poner el énfasis en los aspectos más negativos de la vida en la isla, sus historias adolecen a veces de falta de equilibrio, como si lo único que moviese a la mayoría de los cubanos fuese el ansia por abandonar su país. Peor aún, pueden ser utilizadas por quienes –con EE UU a la cabeza- llevan más de medio siglo denigrando al único modelo económico, social y político que se ha atrevido a plantarles cara.