El Nadal apuesta por lo seguro: la novela negra psicológica

Aun siendo una novela estimable, Víctor del Árbol, antiguo mosso d’esquadra reconvertido en escritor de éxito, no ha alcanzado con su última novela, La víspera de casi todo (Destino), ganadora del Premio Nadal de este año, la misma cota de eficacia que con la anterior, Un millón de gotas. Hay una diferencia notable en la ambición temática y de planteamiento de ambas obras, que comparten un estilo absorbente capaz de graduar el interés del lector hasta el clímax final. Pero en Un millón… eso se articulaba a través de una galería de personajes más intensos y al servicio de una historia de mayor calado, con ecos de El conde de Montecristo y un desarrollo que incluía desde la Guerra Civil a la URSS del GULAG y la realidad española actual.

Con todo, La víspera de casi todo es una entretenida novela negra, lo que a estas alturas no significa que su esencia consista en la investigación de una serie de crímenes por un sagaz detective, cínico y en el fondo una buena persona. Si el género sigue vivo y convertido en filón editorial, y si la cosecha de estimables autores españoles es tan abundante, es porque la trama clásica ha pasado a ser secundaria (inexistente a veces), en favor de elementos históricos, psicológicos y de crítica social.

Hay aquí hasta cinco asesinos, algunos de ellos múltiples, y Víctor del Árbol los muestra en las profundidades de su miseria, escarba en sus motivaciones y, en algún caso, incluso justifica sus acciones. Hay paisajes desolados y misteriosos, como la Costa da Morte gallega. Hay opresivas culpas que purgar del pasado, desde la tortura a los enemigos del Estado en la dictadura argentina hasta la brutalidad de un policía que purga en un pederasta asesino un terrible trauma de su infancia y que un día sí y otro también duda sí apretar el gatillo de la pistola cuyo cañón tiene en la boca.

Está la huella que la pérdida en terribles circunstancias de un hijo puede causar en una madre. Está la marca de actualidad de los malos tratos a las mujeres. Están las consecuencias que el desequilibrio mental puede acarrear a un adolescente marcado por un pasado horrendo y que es incapaz de encontrar su lugar en el mundo…

Hay/está todo eso y mucho más. Y hay que admitir que el policía protagonista tiene enjundia incluso para permitir el inicio de una serie. No me extrañaría que Del Árbol se lo estuviese pensando. Hay material suficiente para llenar una buena novela –y La víspera de casi todo lo es-, de sobra para filmar una aceptable película de misterio psicológico, pero insuficiente para acercarse al nivel de Del Árbol rozó en Un millón de gotas.

¿Será porque se trata de una obra de encargo? Esa sospecha de fallo previamente concertado que acompaña a muchos premios literarios está justificada también aquí, dado que la editorial concesionaria, perteneciente al grupo Planeta, publicó la última y exitosa obra del ganador. Esa duda quizá no se resuelva nunca y, por lo mismo, será difícil que se extinga la sospecha.

Para terminar, una reflexión sobre la evolución del Premio Nadal. El de 2016, como muchos de los anteriores, revela una apuesta por la comercialidad que convertía sumarse al boom de la novela negra en una tentación difícilmente resistible. No se trata, por supuesto, de que la excelencia literaria no pueda ir asociada a las obras de este género, sobradas muestras hay de ello.

Sin embargo, hay una tendencia, algo que choca al revisar la lista de los últimos galardones, poco en consonancia con un premio que antaño gozó de un enorme prestigio y entre cuyos ganadores han estado Carmen Laforet, Miguel Delibes, Rafael Sánchez Ferlosio, Carmen Martín Gaite, Ana María Matute y Jesús Fernández Santos. Es decir, algunos de los autores imprescindibles del siglo XX.

Cabe preguntarse si algún día ganarán el Nadal imprescindibles del siglo XXI como Jesús Carrasco, Ignacio Martínez de Pisón o Luis Landero, suponiendo que quieran entrar en el circo de los grandes premios. Eso ayudaría a recuperar el brillo de calidad e incluso experimentación, y le devolvería a la disputa de la batalla por el riesgo con el Premio Herralde, que aún sigue descubriendo autores y que ha brindado alguna de las mejores sorpresas literarias de los últimos años.