Luna Miguel

Cera

CERA

Por raro que parezca, me gusta depilarme. Es una de mis obsesiones. Como mi colección de libros, o la de vinilos, acumulo centros de estética. No vuelvo dos veces al mismo sitio, procuro evitarlo. He estado en trece centros diferentes de Almería, en ocho de Alcalá de Henares y en cinco de Madrid. Vaya donde vaya me gusta que me esquilen. Guardo buen recuerdo de lugares como el de Niza,  el de Salamanca, el de un pueblecito de León y sobre todo el de Zarautz, donde la cera olía a chocolate. Suave y dulce. Me encanta que me toquen las piernas. Que me hagan cosquillas con las pinzas. Me gusta cuando acaban y me echan la crema calmante para un masaje en los gemelos. Mirándolo bien, y hasta que Dios o Corporación Dermoestética no me regale la depilación láser, la cera es una buena forma de hacer turismo.