Luna Miguel

Serán ceniza

Serán ceniza

No sé cómo se llama el volcán que ensucia el cielo español desde hace tanto tiempo. No me refiero al de Islandia, ni al que paraliza los aeropuertos, no me refiero al volcán que impide los viajes europeos y no deja que los grupos de música folk lleguen a Madrid, ni que los sábados nos vayamos de concierto. Aquí hablo del volcán negro. De la España profunda y conservadora. De ese aire de cenizas que cubre nuestro pasado e impide dar respuestas para el futuro. Hablo del volcán de la justicia. Del franquismo intacto. De Garzón castigado.

Yo pertenezco a una generación que no sabe nada. Jamás me dijeron cuántos muertos, o cuántas fosas, o cuánta memoria nos quedan por salvar. Somos nietos o biznietos de la guerra, de esa historia lejana que, sin embargo, nos inunda día a día en las noticias. Mi prima de 12 años me pregunta qué es un dictador. Yo le respondo: "¿Qué crees tú?". "Un señor que manda y grita", dice. "Un señor que no nos deja hacer lo que queremos y que piensa que todo tiene que ser como él".
Quizá Irina no necesite que nadie le explique lo que es una dictadura tanto como esos Justicieros que permiten la Injusticia. Pues esto ya no es venganza. Ya no son sólo dos Españas para una generación como la nuestra, en la que ya no nos quedan bisabuelos. ¿Por qué impedir esa arqueología del alma? Arqueología de lo que en realidad fuimos. Para saber lo que seremos. Y luego los falangistas recordando que a pesar de los años siguen aquí. Y esas manos levantadas, que dan tanto miedo, contradiciendo la libertad que buscamos, ¿qué significan?

Y el recuerdo, digo, de que seguimos aquí, bajo la triste ceniza de nuestro propio volcán.