Luna Miguel

Pilladas incómodas

Os han pillado, amiguitos cantarines. Cazar al cazador, que dicen. Porque que a uno le pillen: jode. Tener que confesar que tienes un amante desde hace veinte años. Tener que confesar que llevas quince años robando bolsitas de azúcar en la casa de tu amante. Tener que confesar que pones azúcar en exceso al café de tu diabética mujer desde hace diez. Tener que confesar que tú eres el culpable. Que el frío dentro de ti te está matando. Tener que confesar que has sido un hijo de puta, que te lo mereces. No sé. Da igual el motivo -político, jefe o imbécil de turno- porque la corrupción es la corrupción. Que aquí todos hemos robado: pero a ver quién puede más, ¿eh? ¿Ehhhh? Porque la mentira es la mentira. Cazar al cazador, ¡además! Gloriosa la sensación, y dolorosa, al mismo tiempo: también jode. Tener que descubrir que tenía un amante. Tener que saber que robaba azucarillos a su amante. Tener que darte cuenta de que el azúcar, el coma, el subidón diabético que ahora sientes lo han provocado una serie de engaños escondidos. Ay. La corrupción. Si sabes que te van a pillar, ¿para qué lo haces? Porque hay esperanza. Porque nos creemos muy listos. Por la sensación. ¡A mí no me pillarán! No sé. Quizá los poderosos estén condenados a hacerlo mal. Quizá los malos estén condenados a ser poderosos. Así es el dinero. ¿No?

Y luego leo: "Si la policía hace cantar a Teddy Bautista ¿pagará derechos de autor?", "Presidentes de la SGAE que van a la cárcel para comprobar el hilo musical", "Presos cobrándole el canon a Teddy Bautista por cantar en la ducha", benditas redes sociales. Qué puñeteras, las pilladas incómodas.