Luna Miguel

Jornada Mundial de la Indignación

Esta es también la historia de cómo la democracia acaba injustamente rodeada por una fuerza menor pero oscura y desastrosa. O la de una ciudad cerrada, privada de su centro solar porque la violencia es lo primero. O quizá esta sea, además, la historia de unos políticos que anteponen sus ganas de quedar bien, de brillar limpios, muy limpios, a lo que realmente importa hoy y ahora: los ciudadanos que tienen cosas que decir, que reclamar, que celebrar o llorar, los ciudadanos indignados, unidos y hermosos que quieren debatir de una manera clara en el punto más céntrico de una gran ciudad. Ya saben. Sí. Pero yo me pregunto ¿no es esa la historia de todas las historias? ¿No son esos los mismos hechos y las mismas circunstancias que una y otra vez, una y otra vez, una y otra vez nos han llevado a la misma situación de angustia y depresión? Una ración de Xanax para cada ciudadano, por favor. Abran la boca. Dejen que un dedo lleno de hermosa droga les sea introducido hasta la garganta. Todo cool. ¿No? Todo pasa tranquilo y nos han callado. ¿No es esta la historia de todas las democracias? ¿Se trata acaso de una metáfora de lo que quieren hacer con nosotros? Prohibirnos el paso. Vendernos por una foto. Cambiarnos por los discipulitos de un dios al que cada vez soportamos y creemos menos por culpa de sus representantes y de lo que nos quieren mostrar de él. Políticos de dios, no nos gustáis. Políticos de lo religioso, no os necesitamos. Políticos de lo vulgar: no podéis anular nuestros pasos ni cerrar nuestras plazas sólo para fingir que aún os importa el rezo, la fe, la virginidad o qué se yo. Que sólo gastáis para vosotros. La crisis no es crisis cuando hablamos de papas. Porque esta es la historia que por enésima vez nos cuenta que sólo pensáis en vosotros. Y aquí, al otro lado -que en realidad es el mismo sólo que de otro color, de otro olor y de otra temperatura-, siempre tenemos que soportaros. ¿Y qué más nos esperará en las próximas horas de expectación ante la visita del papa? Me hace mucha gracia que, rizando el rizo, nuestros políticos madrileños y autoridades velen más por la Juventud del papa que por la Juventud que desde el 15-M se manifiesta en su ciudad. Qué ridícula ciudad estás siendo, Madrid. Esto apesta.