En la maleta de Zapatero

Arrojen al G-8 por la borda de un cayuco

Despertarse hoy con la noticia de que, de 33 inmigrantes que han llegado a nuestras costas, 15 han muerto y nueve de ellos, nueve bebés, fueron arrojados por la borda ya cadáveres debido al calor que reventaba sus cuerpecitos en el cayuco miserable ha conmocionado a España, desgraciadamente, una de tantas veces más.

En Atenas, a Zapatero lo hemos visto seriamente dolido por una tragedia, dijo, "casi insoportable", y lo demostró con una frase políticamente muy incorrecta en la etapa de crisis económica reconocida por él mismo -¡cómo andaremos!-. El presidente aseguró ante los periodistas griegos y españoles que le da igual cómo vaya la economía española, porque "crezca lo que crezca", España va a seguir a ayudando a los países que sufren la extrema pobreza, especialmente a África, de donde sale gente desesperada y capaz de arriesgar la vida de sus hijos y arrojar sus cuerpos ya muertos por la borda de un cayuco. España va a llegar a 2012 cediendo el 0,7% del PIB y ya puede la recesión hacer brujería.

¿Y el G-8? Ahí quería yo llegar: esos ocho presuntos ángeles de la guarda del resto del mundo (EE.UU., Rusia, UE, Alemania, Canadá, Francia, Italia y Japón) se reúnen para hablar de la crisis alimentaria, plantan un arbolito, se comen 19 platos con ingredientes tan modestos como el caviar o la trufa blanca, comprometen unos miles de millones de euros para los pobres y unos miles de millones de emisiones de CO2 menos para la atmósfera y a casa con la conciencia tranquila, aunque vayan a proseguir su costumbre de incumplirlo todo. Y encima tenemos que tragarnos la foto de Bush mirando la pala que le dieron para plantar como si fuera una pieza de museo.

 El G-8 huele mal, a rancio, a noble poderoso y octogenario metido durante años en su castillo medieval entre cortinajes de terciopelo, piedras enmohecidas, despensas abarrotadas y vajillas de oro. Necesita aire fresco, mirar hacia el exterior, escuchar a los pobres, por supuesto, y los no tan pobres; a los emergentes y a los que le pisan los talones en recursos. Sarkozy ha sido el primero en apuntarlo el primero estos días: nosotros solos, los ocho, no podemos resolver los graves problemas de hambre en el mundo y hoy, precisamente, el Financial Times publicaba un editorial y daba un número, el G-12, sumando a los ocho a Brasil, a China, a India y a España. 

La apuesta tan fuerte por la cooperación al desarrollo del Gobierno –buena parte del G-8 ha reducido sus ayudas- podría ser un buen revulsivo para esas conciencias glotonas y adormiladas. Veremos.

  EL TOLE-TOLE: Mañana toca Marruecos. Voy con la bandera de la causa saharaui en la mano, pero me temo que Zapatero no tocará ese tema con Mohamed VI, o así me lo ha dicho el secretario de Estado de Asuntos Exteriores. De la misma forma que apoyo su apuesta por el 0,7 al desarrollo cueste lo que cueste, no comprendo su silencio en este tema. Máxime cuando, al principio de 2004 se mostraba decidido a que la diplomacia española posibilitase un avance. A ver qué pasa.