En la maleta de Zapatero

'Yes, we go!'

He ganado la porra. No he sido la única, pero he ganado la apuesta que hicimos los periodistas en el avión de Zapatero al regreso de la cumbre Asia-Europa, en Pekín: iremos a Washington y nos lo confirmarán el día 7 en Bruselas. De cajón, aunque, como se preguntaba el compañero de 'El País' -y, con todo, amigo- Miguel González, que perdió sus dos euros en época de crisis: "¿Cómo es posible que una periodista tenga la noticia con tantos días de antelación y no la publique?". Pues es posible si miras a los ojos del presidente cinco minutos antes y le preguntas si vamos a ir, te sonríe satisfecho, a continuación haces tu apuesta y, dos días más tarde, continúas preguntando a su equipo, que, como es lógico y razonable, rebaja las expectativas a un "Todo sigue igual (ni sí, ni no, ni todo lo contrario)" que ni da titular, ni noticia, ni confidencial siquiera.

Y "sí, vamos" a Washington, porque España puede y es de justicia y de sentido común que esté allí, como hemos oído decir al presidente con los coros de Sarkozy y Barroso estos días, casi hasta el hastío, es cierto, pero con la necesidad del querer es poder, o la del que quien no llora no mama, o la del que quien no arriesga no gana, me da igual.

Y alguno hay, naturalmente con derecho, que dice que Zapatero estuvo un poco pesado con el "Hay que ir, hay que estar", pero, ¿y lo que nos queda con el PP? Por partes, porque sólo la intervención de Soraya Sáenz de Santamaría tiene hasta guasa:

1. Zapatero "triunfalista", dijo la portavoz parlamentaria, sin acordarse de aquella conmovedora imagen de unos pies encima de una mesa, por delante de un puro, a su vez precediendo a un bigote de un tal Aznar, invitado a la cumbre del G-8 siendo España la presidencia de turno de la UE. Lo del ex presidente era naturalidad, la suya innata hablando tejano o metiendo bolígrafos en escotes de periodistas.

2. Sarkozy para "ministro de Asuntos Exteriores español". Una propuesta muy inteligente de nuestra admirada voz conservadora en las Cortes si no fuera porque olvida que, entre la labor francesa pidiendo a EEUU por "sentido común que la octava potencia mundial" esté en la Cumbre anticrisis y el empecinamiento español de ir, median una corte de diplomáticos, encabezados por Miguel Ángel Moratinos y Bernardino León, que lo han hecho posible y cuyo esfuerzo es de justicia reconocerles.

3. El jefe del Ejecutivo "la ha montado", en opinión de Sáenz de Santamaría, para ir a Washington. No, señoría. El presidente ha peleado a cara descubierta, esto es, sin complejo de país, el lugar que correspondía a España y que le han reconocido en todas las esquinas del mundo, desde Asia hasta América Latina, pasando por Europa. González y Aznar hicieron lo mismo intentando que España entrara en los grupos G, pero en silencio, con miedo al ridículo del 'no pasarán', aunque en una labor igualmente reconocible.  

4. De "política [exterior] absurda y diletante" ha calificado la portavoz parlamentaria del PP la labor internacional de Zapatero. O sea, que la cita mundial más importante para España en treinta años de democracia parece a la ínclita conservadora un cónclave de aficionados. ¿Y qué haría un Gobierno del PP en lugar del PSOE? ¿No ir? Entiendo: de fotos de las Azores para abajo, nada. Las reuniones, de tres en tres y al margen de la legalidad internacional, que es donde se demuestran el poderío, el vigor y el imperio.

Por cierto, ¿cómo se llamaba ese señor que estaba en la mencionada y maldita foto entre un tal Aznar, español, y otro tal Blair, británico?

EL TOLE-TOLE: Los periodistas que seguimos a Zapatero y los fijos en Bruselas nos despedimos ayer hasta el Consejo Europeo de diciembre, que es la próxima cita en la que se supone que el presidente español deberá viajar de nuevo a la capital belga. Sin embargo, el runrún sobre la organización por parte del incombustible Sarkozy (por cuyas vitaminas hemos coincidido en preguntar) de una cita anterior a la cumbre de invierno, tras la reunión de Washington el fin de semana que viene, cada vez cobra más fuerza. ¿Qué hará nuestro valedor francés sin la presidencia de turno de la UE que tanto margen de maniobra le da para soltar hiperactividad?