En la maleta de Zapatero

Kosovo y el extraño síndrome de La Moncloa

Los ciudadanos españoles, y todos los del mundo que lean la prensa de nuestro país, han tenido este pasado puente de San José un pase especial para asistir en directo a los efectos que causa en un Gobierno y su imagen la falta de comunicación y coordinación entre el presidente y su equipo y entre su equipo entre sí. 

La consecuencia más grave y negativa, en mi opinión, es que lo que era una excelente noticia apoyada por todos los grupos políticos –la retirada de las tropas de Kosovo, declarado ilegalmente Estado en 2008 y que España no reconoce- se ha quedado en un segundo plano. Y aunque a la larga será esta acertada iniciativa del Ejecutivo la que permanezca en el recuerdo colectivo, hoy se ha abierto una herida en el seno del Gobierno que va a ser difícil curar. Sobre todo, con una crisis económica que tiene a sus integrantes bajos de ánimo y con la sombra de otra crisis –léase "remodelación"- que les persigue oscura como el Melmoth de Maturin. 

Leyendo toda la prensa, escuchando la radio y hablando estos días con algunos de los protagonistas de este enredo, no sé si puedo explicar a grandes rasgos el error primero de la estrategia Kosovo, pero voy a intentarlo: 

- Creo sinceramente que el presidente del Gobierno comienza a verse aquejado por el síndrome de La Moncloa. Sin embargo, como ocurre con el de la gripe cuando nos atiborramos de antibióticos, el virus de esta terrible enfermedad –que sufren en silencio quienes rodean al paciente, inquilino del Palacio de la Moncloa más de cuatro años- ha sufrido una mutación

- Felipe González y José María Aznar, cuando el síndrome entró en ellos sin piedad y desgarró su personalidad política anterior, se encerraron en sí mismos para ignorar absolutamente a los ciudadanos, sus representantes y sus reivindicaciones. Pero José Luis Rodríguez Zapatero ha optado por gobernar él solo y, algo mucho más grave, no informar a tiempo a sus colaboradores de algunas de las decisiones que toma. 

- La iniciativa del fin de la misión española en Kosovo se la propuso la ministra de Defensa al presidente hace 15 días y éste la aceptó. Ya era tarde, en mi opinión, para poner en marcha el aparato diplomático de aviso con la OTAN y EEUU, en particular, pero con una coordinación adecuada se habría logrado evitar mucha polémica. No digo "toda", porque sabemos que la OTAN siempre fruncirá el ceño ante la retirada de uno de sus países de cualquier misión.

- La principal preocupación del presidente no fue su prioridad actual en política exterior: la relación con EEUU, que con Obama va (¿iba?) viento en popa; tampoco que los aliados de la OTAN se sintieran ninguneados por España al no ser avisados. La principal preocupación de Zapatero fueron los soldados españoles destinados en Istok. "Ellos deben ser los primeros en recibir el mensaje". 

- A partir de ahí y con Zapatero en plena descarga sintomática de un síndrome que le hizo olvidar a sus colaboradores –ni De la Vega ni Moratinos fueron avisados- y preocuparse sólo por los militares, surgió el caos que todos conocen por la prensa: anuncio de Chacón en Istok, sorpresa y quejas de la OTAN y los aliados, decepción en EEUU, extintor diplomático de Bernardino León en Washington, declaraciones de éste a la SER visiblemente contrariado por tener que hacer de apagafuegos de algo en lo que no intervino, informaciones salidas del Gobierno que contradicen a la ministra y comunicado de Defensa negándolas y reafirmando lo anunciado por Carme Chacón. 

En definitiva, que un capítulo parodiando de The West Wing –serie ficticia sobre la demostración de la excelencia del funcionamiento de un equipo presidencial, el del ala oeste de la Casa Blanca- no habría quedado más elegante. Y todo por un virus que esperemos se vaya con la primavera, como las alergias.

EL TOLE-TOLE: Con el asunto de Kosovo, la crisis de Gobierno parece a los ministros que está más cerca todavía. "Creo -decía uno de ellos en Bruselas- que se producirá antes o durante el verano, pero más no aguantamos". En este caso, comentan en el entorno del presidente, el problema no es que Zapatero no quiera hacer la remodelación. El problema es que Solbes quiere irse y para que pueda hacerlo, el presidente tiene que encontrar un sustituto de su talla política cuyo nombramiento, además, suponga tal bombazo que haga olvidar que un ministro de Economía se va en plena crisis... económica. Y no lo encuentra.