En la maleta de Zapatero

Instituciones que trabajen, por favor

Después del empacho de imágenes y titulares que esos dos grandes profesionales de la política que son Sarkozy y Bruni nos provocaron ("La política es el departamento Espectáculos de la industria", Frank Zappa), el jueves me fui a Estrasburgo detrás de Zapatero.

No sé si ustedes han tenido alguna vez la sensación de pasar de una sala de cine donde proyectan La jungla de cristal (J. McTiernan, 1988) a otra donde echan Lo que queda del día (J. Ivory, 1993). Dos buenas películas de ritmos diametralmente opuestos.

Y al lentísimo transcurrir de esta última me refiero con la comparecencia de Zapatero en Estrasburgo, ante la Asamblea Parlamentaria del Consejo Europeo, cuyo Comité de Ministros preside España hasta mayo. Y no a la calidad, que ya quisiera nuestro presidente que su interpretación y las preguntas de los parlamentarios tuvieran siquiera la mitad de la calidad de la de Anthony Hopkins y el guión de Ruth Prawer, respectivamente.

Zapatero nos habló de TODO sin novedad sobre nada ("Le dio al guitarreo", como decimos los periodistas): la crisis económica, la pena de muerte, la ayuda al desarrollo, la presidencia española de la UE, la igualdad de género,... Y los diputados europeos preguntaron según les dictó su abnegación por las minorías más minoritarias, o así lo entendimos.

Veamos: un suizo preguntó por la independencia de Ceuta y Melilla y de Gribaltar (¿?); el español del PP, de quien todos esperábamos azote puro y algo de chicha (en argot periodístico vulgar), castigó a Zapatero con una cuestión sobre la no asistencia de los parlamentarios españoles a la Asamblea de la Unión Europea Occidental (UEO), que es un tema que, como todos sabemos, nos quita el sueño por encima del paro, la hipoteca, el terrorismo y la gripe porcina.

Y voy a seguir porque creo que así entenderán cómo se siente una cuando asiste a cubrir en directo estos pseudodebates, pseudocomparecencias o pseudoplenos. Pues sí, exactamente dando la razón al gran Delibes cuando decía que "para el que no tiene nada, la política es una tentación comprensible, porque es una manera de vivir con bastante facilidad".

En fin, que el resto de las preguntas versaron, por parte española y socialista, sobre la concepción que tiene el presidente del Gobierno de la igualdad de género (imagínense que contesta que le parece una estupidez, por ejemplo); desde Turquía, sobre si la Alianza de Civilizaciones debería colaborar con la Asamblea del Consejo de Europa (también esperábamos que Zapatero se negara, por lógica aplastante), y ya desde Países Bajos, preguntaron al jefe del Ejecutivo sobre la crisis y la defensa del desempleado de cara al 1 de Mayo. Ésa fue la mejor -la normal- y vino de la Izquierda Unida europea.

Qué quieren: el viernes volvía en el avión pensando en la que hay montada en España, en Europa, en el mundo,... Y preguntándome con cuántas actos políticos como el de ayer; con cuántas instituciones políticas como la que visitó Zapatero el miércoles (y preside España desde noviembre sin que probablemente lo sepan el 10% de sus ciudadanos), gastamos nuestro dinero y nuestro tiempo. Lo pienso, además, hoy, con más impotente virulencia. Con más de cuatro millones de parados en la cabeza y cientos de angustiosos problemas de la vida diaria que no son ni Ceuta ni Gibraltar ni la Alianza de Civilizaciones.

Y después se extrañan de que a la gente le importe la Unión Europea lo mismo que el cultivo del cacahuete.

EL TOLE-TOLE: A la opinión de Público le ha quedado libre un hueco que no queremos llenar, el de Javier Ortiz. Yo no lo conocí personalmente, pero como escribíamos en el mismo periódico, me sentía orgullosa de compartir páginas con un maestro de la palabra y el pensamiento auténtico. Seguro que haberlo leído tanto tiempo me ha aportado algo. Gracias, Javier.