En la maleta de Zapatero

La merienda del rey y el jeque de la pena de muerte

La noticia pasó casi desapercibida ayer miércoles. Apenas un par de breves teletipos para informar sobre la reunión que por la tarde congregó al rey Juan Carlos y al viceprimer ministro y responsable de Asuntos Exteriores de Kuwait, el jeque Mohammed Sabah al-Salem al Sabah, en el Palacio de la Zarzuela. A éste le acompañaba Miguel Ángel Moratinos, en buena lógica.

El jeque kuwaití es gente pudiente, de esa que agrada al monarca: árabes con petróleo y dispuestos a acogerte en Nochevieja para pasar una buena velada de entrada de año. Así lo hizo Juan Carlos el 31 de diciembre de 2007: cansado de su visita a las tropas españolas en Afganistán, decidió hacer escala en Kuwait y saludar 2008 con sus buenos amigos los jeques.

 [Ahora me dirían los acólitos del monarca que llevaba una misión diplomática delicadísima, al más alto nivel, de la que dependen tantas inversiones españolas,... Pero nadie obtuvo entonces ni una palabra del contenido de la velada real]

De lo que no hablaron, seguramente, es de los derechos humanos que Kuwait y otros países árabes y ricos se dejan por el camino. Del "no" del Gobierno que dirige Al Shaij Naser Mohamad al Ahmad al Sabah a la resolución de la ONU contra la pena de muerte, en diciembre de 2007, o de su actitud negativa o positiva-con-condiciones-a-medida para firmar los principales tratados internacionales sobre Derechos Humanos.

Y entre ellos se encuentran los que atañen a la lucha contra la discriminación de la mujer, la tortura o las penas crueles, inhumanas o degradantes, así como la discriminación racial o de las personas con discapacidad. Kuwait sólo se ha prestado a firmar sin condiciones parte de los tratados de la Carta Internacional de Derechos Humanos que protegen los derechos del niño. Los jeques también tienen hijos.

A cambio, los españoles hemos de celebrar que Kuwait ya tiene su sede diplomática en España. Para facilitar los negocios, seguir haciendo la vista gorda y celebrando el año nuevo real. ¡Champagne para todos, pues!

EL TOLE-TOLE: Cuentan los cronistas reales, ya que ando por aquí, que Alberto Aza tiene los días contados. La cuestión es ver quién le sustituye ahora, pues aunque el puesto es muy goloso para currículo y ego, el dolor de espalda con el que se sale es crónico. Ahora bien, ¿se imaginan a algún pope de la Diplomacia diciendo que no a Juan Carlos?