En la maleta de Zapatero

El “precio altísimo” de estar en Afganistán

La operación militar de la OTAN en Afganistán, la ISAF, es, junto a la ampliación de los desvelos de Putin, el tema estrella de la Cumbre de Bucarest, que ha empezado hoy en la capital rumana con el Palacio del Parlamento como sede, una mole de escaso gusto, construida por Ceacescu a golpe de mármol de Transilvania y que ocupa el segundo lugar en el ranking de tamaño de edificios mundiales –el primero es el del Pentágono, en Washington-.

En estos momentos, los jefes de Estado y de Gobierno de los países aliados cenan opíparamente mientras los periodistas esperamos el resultado de ese encuentro [se podrá leer en Público], en el que se hablará, claro, de Afganistán. El presidente de EEUU, George Bush está pidiento más tropas y el secretario general de la OTAN, Jaap de Hoop Scheffer, apela a la solidaridad de los 26 aliados para que eliminen las limitaciones de esas tropas. Por ejemplo, en el caso de España, que nuestros soldados puedan usar sus armas más allá de la defensa propia.

Zapatero no enviará más efectivos. Al menos, de momento, y mucho menos con un Ministerio de Defensa en funciones cuyo titular está a punto de salir de la chistera del presidente, porque hay quien dice en el entorno del jefe del Ejecutivo que el de los Ejércitos será el departamento que dará la mayor sorpresa de la formación de Gobierno. Ya veremos, con tantas quinielas es difícil que el nombre del ministr@ no lo haya apuntado alguien.

Pero, sobre todo, el presidente no enviará más efectivos, porque, como apuntó el secretario de Estado de Asuntos Exteriores, Bernardino León, en un briefing con periodistas, "España ha pagado un precio altísimo por el envío de tropas". Efectivamente, 84 muertos para la misión española con mayor número de bajas.

¿Vale la pena?

Los soldados españoles saben que no van a Afganistán de vacaciones, ni a plantar árboles y cosechar tomates en ningún terreno "hortofrutícola", utilizando la ‘terminología Trillo’. Saben que van a una zona peligrosa, en donde los afganos, cuya seguridad se les ha encomendado proteger, mueren y matan a diario. Algunos también a ellos.

La OTAN se queja porque no ‘vende’ bien la misión a la opinión pública: "Sólo sale lo malo en los informativos". Pero lo cierto es que los periodistas nos peleamos por ir a Afganistán –o a Líbano o a los Balcanes- a hacer reportajes sobre el trabajo de nuestros soldados allí y, aunque no todos los conseguimos, sí hay suficiente testimonio gráfico y escrito del trabajo de las tropas españolas como para poner en la balanza del sentido común el drama de ese país que no avanza frente a la labor de los soldados.

El problema es de fondo. Probablemente, de enfoque. O de estrategia. Nadie lo sabe, porque por muchos análisis sesudos que se hagan ­–y mira que hay-, si alguien propusiese una solución sensata y viable -aparte de enviar más tropas, que ya se ha demostrado en Irak para qué sirve-, la OTAN la habría hecho suya enseguida. No podemos tener unos dirigentes tan torpes con los 59 años que tiene la Alianza.

Ni los 62 militares muertos en el accidente del Yak-42, ni los 17 que se mataron en el del Cougar, ni Jorge Arnaldo, ni Idoia, ni Juan Antonio, ni Germán, ni Stanley se lo merecen.

EL TOLE-TOLE: El todavía ministro de Defensa en funciones y portavoz socialista en el Parlamento, José Antonio Alonso, ha venido con Zapatero y Moratinos en el avión. A pesar de ser el hombre más buscado por los periodistas de la Cumbre, de momento, no se ha dejado ver. Mañana jueves se vuelve a Madrid con el presidente y el ministro de Asuntos Exteriores se queda en Bucarest hasta que acabe el asunto, el viernes a la hora de comer. ¿Hablarán en el avión del sustitut@ de Alonso? Los nombres que se dan por aquí al respecto: Elena Salgado, Soledad López, Trinidad Jiménez, Juan Mesquida, José Enrique Serrano o Juan Fernando López Aguilar. Y no acertaremos.