Fuego amigo

La tragedia ha terminado en comedia

El nuevo modelo de financiación autonómica, que comenzó siendo una tragedia, tal como nos lo contaban desde el Partido Presunto, ha terminado en comedia. La realidad, una vez más, imita al arte.

La lideresa Aguirre había anunciado que votaría en contra, si no recibía órdenes superiores en contrario. Y las recibió. Ahora tendrá que abstenerse. Debe de tener el ego tan malherido que ayer no asistió a ninguno de los actos públicos previstos, para que los periodistas no le preguntaran sobre la desautorización (coloxal) de Rajoy, o bien por su mala cara.

En este asunto debo reconocer una habilidad especial en Zapatero: cómo rayos consiguió redactar un modelo de financiación, con la impagable ayuda de Cataluña, especialmente pensado para castigar a las comunidades autónomas, y sólo a ellas, gobernadas por los presuntos (como dirían los portugueses). No sé cómo ha conseguido hilar tan fino en el castigo a sus adversarios, teniendo en cuenta que ha tenido que manejar tantas variables distintas de población, insularidad, dispersión, envejecimiento, etc.

Como no hay mal que por bien no venga, ahora los tiene entretenidos contando dinero, que es lo que más les gusta.
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Meditación para hoy, enlazando con la de ayer:

La tragedia ocurrida con el bebé Rayán ha provocado un efecto dominó que tan sólo conocíamos tras los atentados terroristas. Los muertos, no sé si van al paraíso o al infierno, pero, como decíamos ayer, siempre acaban siendo propiedad de un bando para la consiguiente explotación de su causa, como bien supimos tras los atentados del 11-M.

Lo primero que llamó la atención en el caso de Rayán fue la celeridad con que el gerente del hospital Gregorio Marañón le endilgó el muerto a la "becaria" de enfermería. Le endilgó el muerto, con contundencia, y hasta diría que con saña, para que no quedara la menor sombra de duda de que los pilotos de primera clase de la Sanidad, los médicos, no cometen jamás equivocaciones de tan grueso calibre.

Esta ficha de dominó empujó a la del Consejo General de Enfermería. Su presidente, harto de comprobar que en este país es más difícil que condenen a un médico por "negligencia médica" que a un presidente de Diputación de Castellón por prevaricador, protestaba por la facilidad con que los médicos calificaban de "terrorífico error" la negligencia de una enfermera que seguramente estaba en el puesto equivocado.

La tercera ficha cayó en Marruecos, cuyo rey sintió un repentino amor por unos compatriotas que habían sido empujados a España por el hambre, desde el país sobre el que reina despóticamente, mientras a nuestras costas van llegando los restos del naufragio de las pateras con súbditos suyos, para los que no hay avión de repatriación.

La última ficha es Rayán, el único de esta historia que descansa en paz.