Fuego amigo

La única iglesia que ilumina es la que arde

Pasó el 18 de julio sin pena ni gloria, sin que ni siquiera los fachas se animaran a rememorar el glorioso Alzamiento Nacional. Y no es porque la especie se haya exterminado, a pesar de que la democracia contumaz los haya colocado al borde de la extinción; es que los hijos espirituales de los alzados en armas nacen, se alimentan y reproducen en las instituciones que apoyaron aquel golpe, al abrigo de las agresiones externas. Allí viven, sin necesidad de tomar las calles, como animales refugiados en un zoo de lujo.

La judicatura, por ejemplo, gracias a su manera endogámica de acceder a los mejores puestos, recuerda a la aldea de los irreductibles galos de Asterix. Tenemos ejemplos sobrados de sentencias que más parecen dictadas desde las sacristías que inspiradas en el corpus legislativo democrático.

La derecha apenas ha celebrado el 18 de julio, resucitando el fantasma de Gibraltar, como hizo Javier Arenas. Se opone a la visita de Moratinos a la roca, con la misma pasión con que el régimen de Franco en sus horas bajas excitaba el nacionalismo patrio. Pero Gibraltar hoy apenas levanta pasiones, porque la derecha española la utiliza para evadir impuestos en sus miles de empresas fantasmas. Este Arenas es que ni se entera.

Por su parte, la Iglesia católica arde... sólo en deseos de retomar el poder, de seguir confundiendo los diez mandamientos con el código civil, como cuando dicta a los jueces fieles la orden de oponerse a la futura Ley de plazos del aborto y el derecho de las jóvenes de 16 años a abortar, sin consentimiento paterno.

Y como guinda final, vuelve la vieja leyenda de que la única iglesia que ilumina es la que arde. Hace una semana, en una iglesia de Majadahonda se revivía un conato de incendio, todavía inexplicado, una chapuza que apestaba a gasolina, que más parece una burda manera de explotar el victimismo que una amenaza verdadera. Yo creo que, por mucho que se empeñen, si hoy escucháis que gritan ¡fuego! a las puertas de una iglesia es que el cura fuma. O el padrino.