Fuego amigo

¿Es cinismo o miedo al pinchazo?

Ayer comenzaba la campaña oficial de vacunación de la gripe A. Millones de vacunas preparadas para atajar una pandemia que, como la famosa gripe aviar, es una pandemia anunciada que parece que no acabamos de creérnosla del todo.

Al contrario que con determinadas normas en la conducción, como la obligatoriedad de llevar puesto el cinturón de seguridad, o con la asignatura de Educación para la Ciudadanía, la vacunación contra la gripe A no es obligatoria, aunque un determinado grupo de médicos y enfermeros haya reaccionado como cuando Aznar dijo aquella frase que pasará a los libros de la historia de la necedad: ¿Y quién te ha dicho a ti las copas que me puedo beber...?

Al personal sanitario, al igual que al grupo considerado de riesgo, como ancianos, embarazadas, o pacientes con enfermedades cardiorrespiratorias, se le aconsejó la vacunación, no sólo por el peligro de servir como eslabones en la cadena de transmisión de la enfermedad, sino por la necesidad de evitar en lo posible las bajas entre sus filas en el momento más crucial del ataque de la pandemia.

Tan es así, que los colegios oficiales de médicos y enfermeros tuvieron que salir a los medios para recordar a su personal lo obvio, que los riesgos derivados de la vacunación son infinitamente inferiores a los beneficios que aseguran.

Es como volver al siglo XIX, cuando todavía los cirujanos ponían en duda las medidas profilácticas de lavarse las manos antes de una operación. O, más recientemente, cuando te recibían en consulta con un puro habano en la boca. ¿Es cinismo, miedo al pinchacito, ignorancia o rebeldía?

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Meditación para hoy:

Aznar no estaba ni se le esperaba. La Líder Esa de Madrid tenía unos asuntos personales que le impidieron asistir al acto final de entronización del Líder Ese, Mariano Rajoy. Y a Francisco Camps le habían programado un paseo en el artículo de lujo por excelencia, un Ferrari de color azul logotipo del PP (¿rojo?, ¡no gracias!, como bien apuntó nuestro Platón) en el que se llevó de paseo a Rita Barberá y a Fernando Alonso.

¡Qué fin de semana glorioso para Mariano en Barcelona! Al fin había podido matar al padre, en sentido freudiano (por ahora), y sus dos competidores en la futura carrera por la presidencia hacían mutis por el foro con las dos disculpas más idiotas que vieron los tiempos. La disculpa de Camps para fotografiarse en un descapotable que sólo está al alcance de los triunfadores es la definición perfecta del personaje, amante del lujo y de lo superfluo. Aunque no sé qué es mas idiota, si el paseo en Ferrari o el esfuerzo de su compañera Cospedal por disculparle "porque estaba creando riqueza".

¿Qué as guardará todavía el cadáver de Camps, que sus enemigos dentro del partido se ven obligados a reírle las gracias?