Aunque no lo parezca, están todos vivos

No cerró la boca hasta que le explicaron en Moncloa que, si no se callaba, el precio del rescate subía día a día de manera exponencial. La exigencia de liberar a los dos piratas, a buen recaudo en la Audiencia Nacional, no era otra cosa que una disculpa de la multinacional del secuestro para presionar al alza el precio final, como reconocía ayer el portavoz de los piratas en ABC.es.

Es el jefe de la oposición, el que sueña con gobernarnos algún día, pero tiene una bocaza que le invalida para llevar adelante cualquier negociación delicada donde prime la prudencia y la sagacidad que se le supone a los jugadores de póker. No hay más que mirarle a la cara, sus ojos espantados, su lengua volandera, para saber qué cartas lleva. Es transparente.

Es tan bocazas, que antes de jugar descubre sus cartas ante los jugadores de mesa. “Hoy es día de celebración, pero mañana me van a oír”. Y así fue. Así que yo anteayer, cava en mano, me tragué todos los telediarios e informativos para unirme a la fiesta nacional de bienvenida a los pescadores al mundo de los vivos porque sabía que al día siguiente, es decir ayer, el Señor de las Catástrofes me iba a cobrar peaje por tanta alegría. La alegría, las buenas noticias, deben pagar siempre un peaje en el fielato del PP.

Quien no hubiera estado atento a las noticias sobre los felices acontecimientos del día anterior habría pensado que, en realidad, habían liquidado a todos los marineros españoles, fusilados en cubierta por piratas borrachos y drogados hasta las patas.

Todo el PP, con el gestor de los hilillos de chapapote del Prestige al frente, se aplicaron a una sobreactuación tan desproporcionada que me dieron ganas de ir a misa a rezar por las almas de los pobres atuneros, ametrallados en alta mar.

No quiero ni pensar qué nos exigiría Mariano si de verdad hubiera muerto alguien en el Alakrana.
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Meditación para hoy:

Buscando, buscando, encontré esta alegoría mariana:

“A veces uno tiene la sensación de que, cuando se produce una catástrofe, el presidente tiene que ocuparse absolutamente de todo. No es posible.”

¿A qué presidente se refiere Mariano? ¿A qué catástrofe?

Os doy una pista: esta declaración al diario El Mundo tiene fecha de 10 de diciembre de 2002. Ya entonces Mariano Rajoy estaba cimentando su muy ganado Prestigio en la solución de catástrofes.