Fuego amigo

Una fiesta donde matan al invitado

La mal llamada fiesta de los toros (mal llamada así porque los animales con cuernos, aparte de ser los últimos en enterarse de que se los han puesto, son los únicos que no se divierten en su fiesta) tiene los días contados en Cataluña. Tras una iniciativa popular, el Parlament aprobó admitir a debate la prohibición de las corridas de toros en toda la Comunidad Autónoma.

Creo que el debate, al que le queda un largo y penoso recorrido, superará con el tiempo en crispación al del Estatut. Y al igual que él, ha traspasado las fronteras de la comunidad para impregnar todas las conversaciones del resto de españoles.

Y tiene muy mala pinta el asunto. El enconamiento es tal que algunos partidos se han visto en la necesidad de permitir el voto secreto de sus afiliados, fuera de la disciplina de voto habitual, porque saben que hablar de toros en España es hablar de religión, y por lo tanto, un problema de conciencia.

Y nuevamente, el debate, la pasión contra la razón. Porque en el fondo, y casi en la forma por la cantidad de sangre que ambas han provocado a lo largo de la historia, los creyentes en la tauromaquia se ven obligados a tirar por la borda parte de su capacidad intelectiva para con la parte restante poder justificar la tortura de un toro como una de las bellas artes.

Donde los ateos de la tauromaquia vemos sangre, ellos ven el color rojo de la paleta de un pintor; donde nosotros vemos a un macho posturitas al borde del ridículo, ellos ven la belleza del bailarín Joaquín Cortés; donde nosotros vemos estertores de dolor, ellos deducen la bravura y nobleza de un animal.

A la muleta se la conoce como "engaño", por si alguien dudaba de si la tauromaquia era una religión.
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Meditación para hoy:

En Copenhague hubo otra fiesta. Bueno, lo que debería haber sido una fiesta para celebrar que los médicos se habían puesto de acuerdo en el tratamiento a aplicar al planeta enfermo. Cientos de asociaciones ecologistas de todo el mundo acudieron como invitados de piedra. Alguno de sus miembros estuvo a punto de morir apaleado.

Los ultraliberales defienden su sistema económico aduciendo que el egoísmo particular (capitalismo) acaba redundando en el beneficio general. Por elevación, y cambiándolo de escala, ya vemos el resultado: el egoísmo de las naciones sólo redunda en el beneficio de las más ricas.