Los niños monos y las serpientes

Galileo salvó el pellejo gracias a que se desdijo públicamente de su afirmación de que era la Tierra la que giraba en torno al sol, y no al revés. La teoría heliocéntrica dejaba en muy mal lugar el concepto religioso de un mundo como centro del universo y un ser humano como el proyecto primordial de su dios. Sólo tras su muerte, cuando la (Santa) Inquisición no podía darse el gustazo de matarlo con su saña habitual, supimos que en realidad Galileo no había abjurado de su descubrimiento. Eppur si muove, y sin embargo se mueve, decía a sus allegados, con la esperanza de que su mensaje llegase al mundo.

Los herederos de Darwin debieron de acordarse de Galileo cuando decidieron expurgar las memorias del autor de “El origen de las especies”. Ya bastante atrevimiento había tenido al fijar el origen del hombre fuera del paraíso, como para dejarle pasar a la historia como el “descubridor” de que el origen de dios es el hombre.

Cuando el fin de semana veía por televisión a cientos de cardenales, obispos, curas y monjas, rodeados de padres de familia con sus niños en la juerga mística de Madrid, uno de vosotros, un buen amigo, nos recordó uno de los pasajes censurados de las memorias de Darwin: “No debemos pasar por alto la probabilidad de que la introducción constante de la creencia en Dios en las mentes de los niños produzca ese efecto tan fuerte y, tal vez, heredado en su cerebro cuando todavía no está plenamente desarrollado, de modo que deshacerse de su creencia en Dios les resultaría tan difícil como para un mono desprenderse de su temor y odio instintivos a las serpientes”.

Cierto que los que allí vi eran niños muy monos, tristemente aleccionados por sus padres y madres, desde temprana edad, para que aprendiesen que los homosexuales y las abortistas son serpientes a las que hay que odiar.
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Meditación para hoy:

En las esquelas publicadas por los fundamentalistas católicos en diez diarios españoles sobre los Santos Inocentes me ha llamado la atención (sobre todo) ese texto enigmático: “Para rogar a Dios con oraciones, Misas, sacrificios y limosnas por el eterno descanso de los millones de niños abortados en este año 2009”.

Vale que hay que tener parte del cerebro en el taller para pensar que los fetos tienen un alma inmortal. Vale. Lo que es asombroso es que piensen que es necesario dedicarles “oraciones, Misas, sacrificios y limosnas” por su eterno descanso. Porque, ante semejante despropósito sólo cabe hacer las siguientes preguntas: ¿Es que acaso su dios insaciable todavía exige el pago de la oración y del sacrificio para dejarles descansar en paz de una vez? ¿Pero de qué pasta está hecho ese dios al que tanto adoran y tanto temen? ¿Pero es que no se dan cuenta de a qué dios nauseabundo están adorando?