Fuego amigo

El robo es una drogadicción

Cuando el juez pregunta al reo, en el procedimiento abreviado, si se considera culpable o inocente, además de una figura prácticamente retórica e inútil, sirve al menos para advertir hasta qué punto el presunto delincuente generalmente no tiene conciencia de la gravedad de sus actos. La percepción moral va por barrios y civilizaciones. La esclavitud, por ejemplo, fue considerada justa hasta casi acabado el siglo XIX. En los regímenes fundamentalistas islámicos es práctica moral y legal la lapidación de los reos. China aniquila a sus condenados por tráfico de estupefacientes con una inyección letal.

Por no hablar de la violencia machista, en la que casi siempre el maltratador se cree en el derecho a disponer de la vida de su pareja.

Los especialistas en antitabaquismo saben que lo más difícil para un paciente es reconocer que lo que él creía un "hábito" no es otra cosa que una dura drogadicción. Pero entre la gente de bien, la normal que diría Rajoy, no cabe en la cabeza la idea de pertenecer al mismo grupo donde se contabilizan los cocainómanos y los heroinómanos.

Por eso Jaume Matas, al parecer un presunto adicto al robo en sus más variadas manifestaciones, se asombraba el otro día de que los jueces le tratasen como a esa gentuza que sale en las crónicas de sucesos de los periódicos, como los capos de la mafia o los terroristas de ETA.

No importa que el juez le haya imputado en delitos tales como prevaricación, cohecho, malversación de caudales públicos, apropiación indebida, falsedad documental, tráfico de influencias, blanqueo de capitales y delito fiscal y electoral (te quedas sin respiración como intentes enumerar de un tirón sus posibles delitos).

Así de fantástico es el cristal de colores de la moral. Él podrá haber vaciado los caudales públicos, pero de eso a que le llamen ladrón de ningún modo está dispuesto a consentirlo.
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Meditación para hoy:

Mañana comienza el primer día de 2010. No os hagáis demasiadas ilusiones con el año recién nacido. Todos los bebés parecen encantadores hasta que se echan a andar o dicen su primera tontería. Pero, por si acaso es cierto que podemos influir en el destino, os deseo suerte y felicidad a todos, y que esta casa común siga sirviéndonos de refugio espiritual, de bálsamo de soledades, de complicidades inteligentes, en la salud y en la enfermedad, en la riqueza y en la pobreza… hasta que la derecha nos separe.