Fuego amigo

El destino no tiene imaginación

Una de las características de los liderazgos fuertes es su capacidad de adivinar el pasado, con frases como "ya lo sabía yo que iba a ocurrir". Hay otra característica, no menos ingeniosa, que consiste en jamás reconocer que se ha metido la pata. Es la escuela del hombrecillo insufrible, cuya alumna aventajada, Esperanza Aguirre, está elevando a las más altas cotas de la excelencia.Ocurría el día de los Santos Inocentes. Una publicación "amiga", La Gaceta, abanderada de la extrema derecha, retomaba la vieja tradición de las inocentadas en los medios de comunicación, de las que hablábamos el otro día. Esperanza Aguirre se tragó un sapo, bastante tonto, que ella elevó a tragedia nacional: que la ministra Bibiana Aído había decidido suprimir los rótulos de ‘señoras’ y ‘caballeros’ de los aseos de su ministerio por considerarlos sexistas.Como cualquier forúnculo en el gobierno es diagnosticado por la lideresa y su cuadrilla como un cáncer incurable, el asunto le dio bastante carrete para mofarse de la ministra. Pasaron los Santos Inocentes, se desmintió la "no noticia", pero Esperanza no se disculpó.Y no se disculpó porque, aunque nunca ocurrió, ella sabe que pudo muy bien haber ocurrido. Es más, tenía que haber ocurrido, y tan sólo un despiste, un capricho del destino pudo impedir que se materializara la supuesta estupidez de Bibiana.Sus medios, como Telemadrid, o los afines, como La Gaceta, son una suerte de Biblia para la extrema derecha. Y, al igual que en el Libro, no importa lo disparatado del relato, porque el medio, del que jamás se duda, es el mensaje. ¿Qué culpa tiene ella de que la realidad no tenga ni una pizca de sentido del humor? ¿Es que acaso el que no existieran armas de destrucción masiva en Irak significa que no existían armas de destrucción masiva en Irak? ¿En qué cabeza cabe que los autores del 11-M sean unos fanáticos islamistas si el guión está escrito para que fuesen los fanáticos etarras? Como dice la doctrina de la Iglesia, si la ciencia desmiente a la realidad, prevalezca la fe sobre la razón.Lo que nos lleva a comprender por qué la fe nos puede arrastrar al infierno de la sinrazón.Quod erat demonstrandum.