Fuego amigo

Yo lo entiendo, pero ésta no

Yo le había contado a mi marciano que este país es tan generoso que fuimos capaces de amnistiar en la Transición a los criminales que levantaron y sostuvieron el régimen golpista, sanguinario e ilegítimo de Franco. Me callé (porque él será muy marciano, pero yo soy muy gallego) que los demócratas no tuvimos otra elección que ser generosos, pues los puntos de mira de los fusiles de los generales apuntaban directamente a nuestras cabezas. Puso cara de marciano cuando se lo expliqué, pero pareció entenderlo.

Luego le conté que un juez, Baltasar Garzón, con el alborozo de media España, intentó reinterpretar aquella Ley de Amnistía obtenida bajo unas circunstancias históricas harto dudosas, para ensayar una especie de juicio al franquismo. Pero que se había convertido por ello en el alguacil alguacilado, en el juez juzgado.

Continué explicándole que el promotor de su procesamiento era otro juez, fundador del movimiento progresista Jueces para la Democracia, algo que en la España del régimen habría sido un oxímoron: juez y progresista, o juez y democracia. Este juez progresista y demócrata acogió de buen grado la denuncia contra Garzón presentada por tres asociaciones fascistas, directamente interesadas en que no se toque un pelo al espíritu de la Ley de Amnistía, gracias a la cual posiblemente alguno de sus miembros o parientes, quizá padres o abuelos, andan sueltos y no en la cárcel: Manos Limpias, Libertad e Identidad y Falange Española y de las JONS.

Finalmente le dejé caer, entre dientes, que el Consejo General del Joder Pudicial, por unanimidad, con los vocales progresistas incluidos, no puso ningún impedimento para iniciar los trámites para suspender cautelarmente al juez.

Cuando le pregunté a mi marciano si lo había entendido, puso una cara pícara (es un gesto raro, mezcla entre marciano y chino) y me señaló, con el dedo ese que se le ilumina como una bombilla, a su muñeca de peluche: "Yo sí lo entiendo, pero ésta no".