Fuego amigo

Aborto de manifestación

Las manifestaciones antiabortistas (pequeños abortos de manifestación, a tenor de la escasa cifra de asistentes) me recuerdan a los actos de acción de gracias de los días posteriores a las grandes catástrofes, como los terremotos, cuando muchedumbres de supervivientes se hincan de hinojos (hincarse de hinojos, ¡qué cosas más hermosas me pierdo por ser ateo!) para dar gracias a dios por haberles preservado la vida.

En las manifestaciones del domingo en varias capitales españolas, los supervivientes de los tsunamis de los abortos pasearon en manifestación las gracias, en forma de hijos, que el Señor ha derramado en sus familias numerosas, para implorar que libere a España de próximos terremotos abortistas.

Allí había, como siempre, gente que iba de farol porque no podría abortar de ningún modo, ya sea por su condición de monjas virginales, de damas del Imserso, de niñas impúberes, o varones de todas las edades. Como millonarios norteamericanos en contra de la cobertura sanitaria pública, porque el problema no va con ellos.

La nota folclórica la dieron en Sevilla. Decenas de hermandades de Semana Santa se adhirieron a la manifestación, y allí acudieron los rudos guardianes de la virginidad de la Macarena, de la Amargura, del Santo Entierro, del Silencio, de la Sagrada Cena, de San Benito, de Santa Genoveva, del Padre Pío, de la Corona, del Dulce Nombre de Bellavista, de Torreblanca, del Divino Perdón... Es decir, de todo dios.

Vírgenes y santos entrando torpemente en política para prostituir las tradiciones en los prostíbulos particulares de la caverna, a beneficio de los cofrades. Este sí que es un Bien de Interés Cultural al servicio de la derecha meapilas, y no lo del torero posturitas que se inventó la lideresa Aguirre.