Fuego amigo

La intemperie es muy mala

He visto en televisión la cara de los casi estafados por el supuesto empresario español que ofrecía fabulosos pero falsos contratos de trabajo en Dubai. Viéndoles, como emigrantes a punto de tomar el tren, me los imaginaba días antes ilusionados, componiendo en su imaginación el cuento de la lechera: por dos meses de trabajo, el sueldo de un año. Tenían esa mirada inconfundible de los temporeros que aguardan en una plaza, a la intemperie, a que llegue el señorito y elija a dedo a unos pocos, quizá los de apariencia más sana, y descarte a los de dudoso vigor, como hacían los nazis cuando reservaban material humano fungible para alimentar los hornos crematorios.

Parece ser que la policía paró a tiempo una posible estafa contra unos trabajadores en el paro a los que les reventó en su propia cara la burbuja de la construcción. La intemperie es muy dura, te deja muy vulnerable ante el ataque de los depredadores.

Lo comprobamos antes de comenzar el partido del Atlético de Madrid en Alemania. Un periodista de la cadena de televisión Cuatro, rodeado de aficionados atléticos, se topaba con un mendigo, tirado en la calle, que con apenas una manta se defendía de toda la intemperie que le caía encima. No le ofreció un trabajo para colocar cristales en Dubai, aunque sí organizó una cuestación popular para rellenar el platillo vacío del indigente. "Hale, vamos a ir echándole pasta al amigo", animaba el gracioso colega del micrófono.

El platillo se llenó de apenas dos o tres monedas, una bufanda, y un cúmulo de burlas en forma de teléfonos móviles o tarjetas de crédito. Groseros y faltos de generosidad, supongo que dieron luego gracias a dios por la victoria de su equipo.