Fuego amigo

La informática salvará al mundo

Nunca sabes si la tecnología nació para liberarnos o para atarnos con sutiles cadenas, como los teléfonos móviles. Todo va tan deprisa que alguien, en su infinito cachondeo, ha propuesto construir una máquina-confesionario expendedora automática de penitencias. Como los curas se están extinguiendo, y las tentaciones pederastas en el confesionario parecen tan insalvables, se trataría de tecnificar la Iglesia imitando el ejemplo de las velas votivas electrónicas: un euro, y se enciende una bombillita en forma de vela. Así se ahorran cera y previenen el calentamiento del planeta. Pues bueno, el nuevo invento sería pulsar la tecla de sexo, por ejemplo (a cubrir los siguientes aparatados: "solo o acompañado", "con qué frecuencia", "con orgasmo o sin él", "con menor de edad", etc.), y según la pena así sería la cantidad que tendría que ingresar el pecador en la ranura del dinero para obtener el perdón de sus pecados.

A veces parece como si la judicatura estuviese pensando en algo parecido: la aplicación automática de las penas desde un ordenador. Para perseguir a Garzón, por ejemplo, el juez Varela le dio a la tecla correspondiente y salió "prevaricación", sin considerar (o sí, vaya usted a saber) que la supuesta prevaricación no sólo no perjudicaría a nadie (ese es el efecto perverso del prevaricador, además del beneficio propio) sino que acabaría con una injusticia histórica.

El caso opuesto y juicioso (de juicio ¿se entiende?) es el de esa jueza que ha decidido no darle a la tecla de "expulsión de inmigrantes" a pesar de que un marroquí vivía ilegalmente entre nosotros por haber perdido su trabajo. Los inmigrantes, se dijo a sí misma la juiciosa jueza, no tienen la culpa de la crisis económica. Poco futuro le auguro a su señoría como continúe empeñándose en utilizar el corazón para interpretar el derecho en lugar de pulsar obedientemente la tecla de la máquina automática de hacer justicia.

Aunque lo cierto es que un juez con corazón es solo un espejismo. Porque, en realidad, la tecnología resulta tan liberadora que un día nos sobrarán jueces y curas, y nos faltarán informáticos.
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Meditación para hoy:

El ingenio popular, con esto de los escándalos de la red Gürtel, rebautizó al Partido Popular con toda suerte de neologismos: Partido Putrefacto, Partido Patrincar, Partido Pachanguero, y no sé cuantas lindezas más.

Ahora le han cambiado el nombre desde sus propias filas. María Dolores Cospedal lo ha rebautizado como Partido Progresista, entre otras cosas, porque dice oponerse a la medida del gobierno de congelación de los salarios de los pensionistas.

Ya me parecía a mí que esto de ser progre tenía gato encerrado. Siempre me había preguntado por qué el insulto preferido en boca de la derecha era llamar "progres" a los de la izquierda, como arma arrojadiza. A fuerza de aplicar la tortura al diccionario, habían conseguido que el progreso estuviese mal visto, y que el supuesto "buenismo" en política fuese algo deleznable.

Ahora, simplemente, se apropian de las palabras. Si los conservadores son ahora los progres, ¿un premio Nobel pasará a ser un gilipollas en la próxima convención nacional del PP?