Fuego amigo

Entre Pin y Pin, un jurado popular

El juzgado de Nules (Castellón), ha tomado una decisión que puede dar un vuelco al futuro del presidente de la Diputación, Carlos Fabra. El caso Fabra había engullido ya a ocho jueces y llevaba camino de convertirse en el "caso Poder Judicial" gracias al disparatado e ingenioso método de evitar un enjuiciamiento por abandono de los jueces, para mayor gloria de nuestro sistema judicial.

El nuevo y joven juez, Jacobo Pin, ha decidido celebrar un juicio con jurado, es decir, que unos ciudadanos elegidos por sorteo decidan sobre el futuro de un hombre sobre el que recae la sospecha de numerosos delitos que serían la envidia de cualquier padrino de la mafia siciliana.

El nuevo juez es hijo de un abogado más que simpatizante del PP, Emilio Pin, y sobrino de una diputada nacional del PSOE, Margarita Pin. Así que, entre Pin y Pin, quizá con el corasón partío, ha resuelto eliminar toda sospecha de parcialidad, dejando en manos de un jurado popular el destino del padrino de Castellón.

Conociendo al personaje, su forma chulesca de gobernar, y el tipo de delitos de los que se le acusa, va a ser muy difícil encontrar a alguien que no le tenga ganas. Así que este es un aviso a los futuros miembros del jurado.

Que sepan que sufrirán un examen previo en el que deberán demostrar su imparcialidad, un hábil interrogatorio a cargo de jueces sagaces que les mirarán fijamente a los ojos para acojonarlos. No se dejen intimidar. Hagan como que ni les va ni les viene que un tipo como Fabra continúe en su cargo de servidor público aunque sobre él penda la sospecha de haber cometido delitos contra la Hacienda Pública, cohecho, fraude fiscal y tráfico de influencias, entre otras fechorías.

Sé que lo que les pido es un gesto heroico, pero, por favor, disimulen y olviden que este señor lleva años hiriendo sus inteligencias con la broma de que le ha tocado la lotería cuatro veces, mientras el paro no para a su alrededor. Finjan, o nos darán las uvas otra vez.
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Meditación para hoy:

Y ahora en serio. La acusación particular venía pidiendo desde hace años que a Fabra lo juzgase un jurado. Confía en que de esta manera se podría sortear el peligro de que al padrino le tocara una vez más la lotería, el premio gordo de encontrarse con un juez "más que amigo", al estilo Camps.

Considerando que en tierras levantinas parece que la corrupción no sólo no detrae votos sino que los alienta, ¿creéis que con el sistema de jurado tenemos asegurado un juicio más imparcial para Fabra?