Fuego amigo

El efecto sedante de la roja

Con la que está cayendo, es muy difícil encontrar un tema de conversación sin que corras el peligro de que te acusen de ocuparte de asuntos banales. Con la que está cayendo, asuntos superfluos como la crisis económica, el Estatuto de Cataluña, el debate sobre el Estado de la Nación, la corrupción institucionalizada en el principal partido de la oposición o la parálisis del partido gobernante no hacen más que distraer de lo importante.

Ayer sólo había un partido gobernante: el que habían disputado España y Alemania en el mundial de fútbol. Después de que Puyol demostrase que el hombre puede volar como un buitre para acabar colocando su cabeza en el momento y el lugar adecuados, el pulpo a la gallega ha sido destronado por el pulpo a la catalana, un pulpo visionario, experto en corazonadas, pues para eso es un animal con tres corazones. El famoso pulpo lo venía avisando: haced como yo, pensad con el corazón, que la cabeza es la parte correosa que todo el mundo desprecia en el "pulpo a feira".

Claro que la cabeza, además de para marcar goles, sirve para pensar. El efecto sedante del triunfo de la Roja, una "federación" de jugadores de todas las comunidades autónomas corriendo y volando al unísono hacia la misma portería, amenaza con crear problemas de identidad en la gran manifestación que se está preparando en Barcelona para protestar el sábado por las correcciones al Estatut hechas por el Tribunal Constitucional.

Queda después el día 14 de julio, con el Debate del Estado de la Nación, con media España en bañador. Del resultado del partido del domingo dependerá que sus señorías se insulten o terminen besándose.

Empiezo a adorar el fútbol.
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Meditación para hoy:

Después de dos días con sus noches de poner, una vez más, en entredicho el Estado de Derecho y la actuación de policías, jueces y fiscales en los casos de corrupción que le afectan, el PP ha tenido que tragarse este sapo: el juez que instruye el caso Brugal ha imputado al presidente de la Diputación Provincial de Alicante, José Joaquín Ripoll, por cohecho, fraude y tráfico de influencias.

Ya sabemos por qué roban, pero ¿por qué se empeñan en hacer el ridículo cada vez que los trincan, interpretando siempre el mismo papel que apenas se les desmorona según van entrando en los juzgados?