Fuego amigo

La realidad no existe

Porque soy periodista (como Jonás, he vivido dentro del vientre del monstruo) puedo decir y digo: la realidad no existe, sólo existe la interpretación que los medios de comunicación hacen de la realidad.

Para muchísima gente, la vida es como el universo, saben que está ahí afuera, pero no llegan a entender muy bien por qué no se nos cae el cielo sobre nuestras cabezas. Los sacerdotes de toda laya intentan convencerles de que se trata de la morada de los dioses, y que todos esos puntitos brillantes que ven de noche en el cielo es puro atrezzo inventado por las divinidades para demostrar su poder. Los astrofísicos, incapacitados para la ensoñación, nos dicen que casi todas esas estrellas que vemos ahí arriba se encuentran a millones de años luz, y posiblemente ya no existan hoy ¡aunque las estemos viendo! ¿Puede haber mejor alegoría de la realidad: saber que no existe y estar viéndola a un tiempo?

Así que la primera conclusión es que el mundo depende del estado de humor de quien te lo cuente y de los intereses de los medios que transmiten noticias de él.

Por ejemplo, tenemos una peligrosa tendencia a pensar que el mundo gira alrededor de la política y los políticos. Por eso, cuando ellos se toman vacaciones, todos nos tomamos un respiro. Los telediarios y los periódicos adelgazan, y suelen comenzar con la noticia más idiota posible en el ferragosto: que en verano hace calor, mucho calor, un calor insoportable, y conectamos con los 42 grados de Sevilla, los 41 de Córdoba, la gota fría del Levante, las masas forestales ardiendo sin que se conozcan las causas de los incendios, los ancianos que han muerto por un golpe de calor, los accidentes de carretera por culpa del aumento de los desplazamientos…

Como en verano no existe la realidad, nos la tenemos que inventar. Enviados especiales de todos los medios van recorriendo España en busca de las fiestas locales más extrañas, las mismas que ya hemos relatado el año pasado, y el anterior, y el anterior, no vaya a ser que este año el toro embolado se vengue de una vez del borracho que le estaba tocando los cuernos, y nosotros no estábamos allí. Y el botafumeiro bota fume en la catedral de Santiago como si fuese la primera vez. El músculo duerme y los sumarios de corrupción descansan hasta septiembre.

Nadie tiene nada que contar. Los consejos de redacción del verano son terroríficos. Si vieseis la mirada implorante del redactor jefe (el director, curiosamente, siempre está de vacaciones por esas fechas) a sus mermadas huestes de periodistas y becarios, como suplicando algo que se parezca a una noticia, cualquier cosilla, que Corea del Norte ha echado mano de la bomba atómica, o que han asesinado a Obama, alguna noticia, por intrascendente que nos parezca, que nos tenga ocupados al menos hasta que los jodidos compañeros veraneantes vuelvan con su morenez insultante a relatarnos los apasionantes miércoles, los benditos miércoles en el Congreso, con sus insultos, sus groserías, sus desprecios, sus falsedades, sus modelitos…

Odio los veranos. Pero los odio porque duran tan poco…