Fuego amigo

A Mariano no le dejan dormir

Que no estaba muerto, que no, que estaba tomando impulso. A Mariano Rajoy le habían recomendado sus sagaces asesores, los mismos que ya le han llevado a la ruina electoral varias veces seguidas, que guardase cama, es decir, que disimulara y callase sus fantásticas recetas para salir de la crisis, no fuese que a los ciudadanos no nos pareciesen tan fantásticas, pues el gobierno de Zapatero estaba a punto de caer como fruta madura, él solito, sin necesidad de que nadie de la oposición sacudiera el árbol.

Y de pronto Zapatero cambia más de medio gobierno. Envalentonado por el apoyo de PNV y CC para lo que resta de legislatura, liquida los dos ministerios que Mariano le venía exigiendo por "inútiles", y en contrapartida, como un guiño a la izquierda, nombra a un sindicalista de UGT que desfiló en la cabecera de la manifestación contra la reforma laboral, para que lidere ahora esa misma reforma laboral que ya querría para sí el PP si gobernase. Ya lo sé, es de locos, pero nadie dijo que para mantenerse en el poder hay que estar completamente cuerdo.

Y con dos ministerios menos, se carga también la paridad en el gabinete, y con ello, a dos de las representantes de las políticas sociales que habían sido la bandera de su acción de gobierno. Lo hace para ahorrar, pero creo que es un mal paso, pues es como reconocer públicamente que se trataba de dos ministerios prescindibles o de segunda categoría, como peones que se pueden sacrificar para evitar el jaque mate.

Y entre tantas pequeñas emociones, dos novedades medulares. Una, que Mariano ya puede ir saltando de la cama y ponerse a estudiar, porque, con Rubalcaba delante como portavoz y vicepresidente, se le ha acabado la siesta. Y la segunda: que por fin ya sabemos que Rodríguez Zapatero no se presentará a la reelección en los próximos comicios, y que el "tapado" es el delfín Alfredo Pérez Rubalcaba.

El resto del cambio de gobierno son fuegos artificiales para no dejar dormir a Mariano. Porque si difícil de explicar es la aceptación de la cartera de Trabajo por parte de Valeriano Gómez, el otro pretendido guiño a la izquierda con el nombramiento de Rosa Aguilar es un brindis al sol, porque la nueva ministra de Medio Ambiente hace tiempo que abandonó la izquierda.

Queda la incógnita, al menos para mí, de cómo se gestó todo este cambio, que en realidad es uno solo, vestido de gala: el ascenso de Rubalcaba y su preparación como candidato para la próxima contienda electoral. El cuento de que se le ocurrió a Zapatero el domingo, en su tarde de holganza, es bastante infantil, como si a Einstein se le hubiese ocurrido la fórmula de E=mc² mientras se afeitaba o en verdad una manzana hubiese inspirado a Newton la Ley de la gravedad.

La incógnita que no sé resolver es si se trata de una jugada personal de Zapatero, convencido ya de que, tras inmolarse en la reforma del mercado laboral y las medidas de rebajas salariales, su candidatura es inviable, o si los últimos movimientos de los barones del partido, cuya punta del iceberg fueron las declaraciones de José María Barreda, obligaron a Zapatero a hacer ostensible y evidente que sólo un hombre en ese partido podría, si no ganarle a Rajoy, sí impedir que el PP gane por mayoría absoluta. Me inclino más por esta segunda posibilidad, por la presión de los barones, al comprobar la inclusión de Jáuregui en el gobierno y el ascenso de Marcelino Iglesias a número tres del partido.

Pérez Rubalcaba es lo suficientemente ambicioso para no dejarse acorralar en una encerrona. Sin tener vela en aquel entierro, fue uno de los muñidores del acuerdo PSOE-PNV que asegura la estabilidad del resto de la legislatura. ¿Actuaba ya estos días pasados como vicepresidente primero del gobierno in péctore? Desde luego, no tiene aspecto de carne de matadero, sino de matarife. Sabe que tiene el arma demoledora de su oratoria y que inspira un temor cerval en la pandilla de oradores pijos e inanes del PP en el Congreso. Conserva, además, la cartera de Interior, desde la que puede recoger, antes de las elecciones generales (y quizá antes de las autonómicas), la entrega de las armas simbólicas de ETA, lo que le haría ganar puntos en ciertos votantes de la derecha, de los de ley y orden por encima de otras ideologías.

Y si, además, todo esto sirve para que de una vez por todas haya un gobierno "político" que sepa explicar a la ciudadanía en qué invierte sus desvelos y horas de trabajo, pues miel sobre hojuelas.