Fuego amigo

La que están liando los viajeros

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A estas horas de la madrugada en que escribo, los aeropuertos se están vaciando de viajeros camino a ninguna parte, familias con niños y maletas a rastras, ancianos de la tercera edad que soñaban con unos días en algún balneario remoto, que durante toda la tarde se habían apalancado tercamente delante de los mostradores de las compañías aéreas, exigiendo embarcar.

Y todo porque unos cuantos miembros menesterosos de la clase obrera, de sueldos que sólo se ven en las páginas de Forbes, se habían visto obligados a dejar sin vacaciones en tan señalado día a miles de viajeros de toda España, viajeros ricos, sin duda, ociosa gente que sólo buscaba holgar durante un puente larguísimo, que para mayor delito habían programado con meses de antelación su salida. Ciudadanos insolidarios que protestaban contra unos indefensos trabajadores estresados de las torres de control, unos pobres curritos hartos de que les metieran mano a sus horas extraordinarias, las más extraordinarias horas que jamás haya cobrado la clase obrera en toda su historia.

Ví en televisión la cara desencajada y de estupor de esos miles de viajeros señoritos que se preguntaban estúpidamente dónde dormirían esta noche, y cómo volverían a sus puntos de destino o de partida desde una ciudad como Madrid, por ejemplo, donde no quedaba ya ni un billete de salida de la ratonera del temporal, ni en tren ni en autocar. Los muy estúpidos viajeros ignoraban que con su actitud, al servicio del capital, sin duda, estaban poniendo en peligro el sagrado principio de huelga, sea o no salvaje, que hasta el más ignorante sabe que está por encima de todos los demás derechos ciudadanos sin distinción.

No pude menos que solidarizarme con los controladores aéreos. Soy un sentimental. Pensaba en el mal trago que estarían pasando en la intimidad de sus mansiones de la Moraleja, teniendo que soportar desde el televisor de 60 pulgadas de alta definición los insultos y vejaciones que aquellos agentes del capitalismo les gritaban desde la pantalla, disfrazados de viajeros malhumorados; qué pensarían sus niños cuando les vieran llorar amargamente, las lágrimas chapoteando en el whisky de malta que temblorosamente sostendrían en sus manos... y se me encogió el corazón. Uno que es así.

Cuánta injusticia. Cientos de miles de capitalistas derrochadores y egoístas acosando a apenas un centenar de obreros del control aéreo. Así ya podrán. Abusones. Cada vez me resulta más insoportable este acoso criminal al derecho de huelga.

La que están liando Zapatero y los viajeros.