Fuego amigo

Demos gracias a los fumadores

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En menos de un año, si prospera el Real Decreto de Sanidad preparado para el mes de marzo, las cajetillas de tabaco escenificarán por fuera todo el mal que encierran por dentro. Además de la advertencia clásica de que fumar puede matar o, lo que es peor, nos puede dejar impotentes, las cajetillas vendrán decoradas con fotografías de pulmones cancerosos, de estragos en la piel prematuramente envejecida, de tumores varios y una panoplia de enfermedades que se irán turnando en la iconografía para que la repetición no haga perder el efecto intimidatorio del mensaje sobre el fumador.

Dejar sobre la mesa una cajetilla va a ser desde ese momento pura pornografía de la desgracia, como esos mendigos que exponen públicamente sus muñones para movernos a la caridad. He visto algunas de esas fotografías, y os juro que son para el estómago más dañinas que el humo para el pulmón. ¿Era necesaria tanta saña contra con un colectivo que tanto arriesga por nuestro Producto Interior Bruto? ¿Así les pagamos su sacrificio?

Al fumador, es sabido, le duele mucho más el bolsillo que los pulmones. Con la nueva subida de los precios del tabaco, el gremio de estanqueros ha coincidido en que sus clientes son inmunes al encarecimiento de los precios. Tras unos primeros días de retraimiento (quizá por haber hecho acopio previo, como aquellas colas para comprar gasolina cuando se anunciaba una subida) el consumo vuelve a sus niveles normales. La propia ministra de Economía, que no de Sanidad, lo reconocía el viernes: se trata de recaudar cerca de 780 millones más, no de desincentivar el consumo. Es más, por dios, que nadie deje de fumar, o hay que subir el IVA de las chuches.

Así que cuando veáis a alguien fumando, dadle las más sinceras gracias de mi parte, porque en realidad se está matando por todos nosotros, por salvar al país.