Fuego amigo

Vírgenes y solteros

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Una vez más, el jefe de los solteros de la Conferencia Episcopal Española, secundado por otros 50 obispos solteros y una nube de monjas vírgenes (es un suponer) también solteras, aunque casadas por poderes con alguien inexistente, se manifestaron en Madrid en defensa del modelo de familia cristiana: es decir, la formada por hombre y mujer, con el fin de engendrar la descendencia que dios quiera, cuanto más numerosa mejor, porque su dios tiene la rara e inexplicable afición de los coleccionistas de almas, que las necesita para alimentar un ego infinito, tan infinito como su bondad.

¿Y cuál es ese modelo de familia cristiana que con tanta pasión dicen defender los que consideran la soltería y la virginidad como un estadio superior del ser humano? La de Cristo supongo que no, que murió soltero a la edad de 33 años después de predicar en el desierto, que ya son ganas, y que tuvo en vida como una de sus mujeres preferidas a una puta llamada María de Magdala.

Así que, dejando a un lado la afición del hijo por las putas (las únicas con sentido común en esta historia) que le distraían del matrimonio, se supone que al menos sus padres sí serían un modelo de familia cristiana ¡antes de Cristo!, lo que ya de por sí es una rareza. Una familia en la que el padre putativo (PP) no le tocó un pelo a su esposa, la madre del hijo del Espíritu Santo, en lo que duró el matrimonio, y cuyo único hijo fue concebido por un extraterrestre que decía ser la segunda persona del singular dios que la preñó travestido de paloma.

Este sainete cómico parece ser el modelo a seguir, según Rouco Varela y el obispero que le ríe las gracias: follar, no por placer, como harían gays, lesbianas y demás pecadores arrejuntaos como yo, porque el fin último del matrimonio (él lo sabe por experiencia) no es la felicidad y plenitud sexual sino acarrear hijos al servicio de su dios coleccionista, para de paso engrasar la cadena de futuros consumidores que aseguren la supervivencia de esa gran empresa multinacional llamada Iglesia católica.

Y el papa, el soltero de oro, el patriarca de la homofobia, apoyando el mitin desde Roma por videoconferencia, con su inconfundible voz varonil.