Fuego amigo

El mejor amigo del hombre

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El ayuntamiento de Madrid, el más endeudado de España, arruinado, no por sus políticas sociales sino por los sueños faraónicos de Ruiz Faraón, también conocido como Gallardón, no tiene dinero para mantener los miles de contenedores diseminados por la ciudad que proveían a su vez de bolsas de plástico para recoger las cacas de los perros, lo único inservible del mejor amigo del hombre.

El efecto inmediato es que últimamente empieza a ser más visible la falta de educación de los dueños de los perros, y las aceras se pueblan de mojones de todas las texturas, tamaños y aromas, obligando a la ciudadanía a mirar más al suelo que al cielo, con el consiguiente cabreo de la Conferencia Episcopal. ¡Cielo santo!

Sin darse cuenta, el faraón está dinamitando el programa de saneamiento de Ana Botella, la concejala de Medio Ambiente (¡a Josemari vas, anda con cuidado!) quien, incapaz de controlar  los límites ilegales de la contaminación de Madrid, ha recurrido a dos ideas geniales: la primera, pedir a la Unión Europea una moratoria para poder cumplir con los límites legales; y, la segunda, trasladar las estaciones de medición desde el centro contaminado a lugares más aireados del extrarradio de la ciudad. Muerto el perro se acabó la caca.

Recuerda en cierto modo la política de Sanidad con los fumadores: enviarlos afuera, alejarlos también de las concentraciones humanas, para que sus colillas compartan basurero con las deyecciones perrunas.

Para las bolsas de las cacas ya no hay dinero, y para poner límites al tráfico de la capital, el mayor proveedor de contaminación, no hay redaños. Eso es intocable, porque quien de verdad es el mejor amigo del hombre, aunque nos cueste reconocerlo, es el automóvil.

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Meditación para hoy:

El perrito caliente es el mejor amigo del hambre.