Fuego amigo

Cómo renunciar a los métodos terroristas

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Tal como estaba previsto en el guión, ayer los partidos democráticos buscaban desesperadamente argumentos con los que justificar sus miedos a la posibilidad de que el nuevo partido abertzale, Sortu, pueda presentarse a las elecciones de mayo. El PSOE sigue sin poder sacudirse el terror que le provoca el acoso del PP. Y el PP insiste en que las palabras se las lleva el viento, aunque la Ley de partidos sólo exija eso a Sortu, palabras, palabras con las que repudien la violencia terrorista como método de combate político, aunque los promotores del nuevo partido hayan rechazado de nuevo, "absolutamente y sin ambages", la violencia, "incluida la de ETA".

El más severo y entusiasta prohibicionista es el PP, el promotor en su día de una ley de punto final que conocemos hoy como Ley de Amnistía, en la que blindaba las responsabilidades de colaboradores del régimen franquista en sus filas, ante una más que probable acusación de haber cometido delitos "de lesa humanidad", de esos que no prescriben jamás.

El partido cuyo presidente de honor es Manuel Fraga, no solo se ha negado a condenar el franquismo, con sus cientos de miles de torturados, asesinados y desaparecidos, sino que ha llegado a ensalzar aquella España del terror fascista. Para Mayor Oreja era un régimen de una extrema placidez, y para Fraga "el franquismo ha sentado las bases para una España con más orden".

Si hoy en Alemania alguien se refiriera con tanta condescendencia al régimen nazi, estaría entre rejas. Aquí, en cambio, no solo no le exigimos al PP que condene el terror franquista si no quiere ser ilegalizado ipso facto sino que le permitimos que imponga su criterio en cómo los demás deben renunciar públicamente a los métodos terroristas. Beber para ver.