No entrenan lo suficiente

………………………………………………………………………………………………………………………………………….

El presidente del Congreso, José Bono, nos recordaba ayer el viejo incidente de Celia Villalobos con su chófer oficial, cuando era ministra de Sanidad con el PP. “Vamos, Manolo. Venga, coño… No son más tontos porque no se entrenan”, le increpaba a gritos desde la acera al tal Manolo esa mujer especialmente dotada para el insulto y los gestos de prepotencia.

Antigua alumna de las jesuitinas de Málaga (de las Hijas de Jesús, que, como todo el mundo sabe, además de hijas son sus esposas, lo que podríamos estar ante un grave caso de incesto divino) parece como si las monjitas hubieran fracasado con ella no solo en la enseñanza de la corrección social sino en el del más elemental sentido de la caridad y la justicia. Ella, que cuando fue diputada europea se inventó un título académico falso para mejor brillar entre la chusma, en su imaginario particular considera al chófer como un pringao rematadamente tonto, y a los discapacitados psíquicos, como unos “tontitos”.

Su defensa sí que es de tontitos, con perdón. Bono le afeó su falta de sensibilidad, y ella le llamó fascista. Y cuando el mundo se le cayó encima, se acogió a la doctrina imperante en el PP de que sólo las declaraciones públicas son la verdad, mientras que las conversaciones particulares no reflejan el pensamiento de las personas. Al igual que para Aguirre Gallardón es un hijoputa en la intimidad y un líder en su vida oficial. Suena raro, pero en el mundo del PP, el del otro lado del espejo, la realidad es así de contradictoria.

Pero este caso se trata de algo más que un desliz. Que esta inventora de currículos hable así de los discapacitados psíquicos demuestra qué piensa en realidad de la política de integración de los discapacitados en la vida laboral, que era lo que se discutía en la reunión.

Lo que demuestra su discapacidad para la política.