Fuego amigo

Perros que ladran a todo el mundo

 

Uno de los placeres a los que me entrego, entre procesión y procesión, en estos días de vacaciones y recogimiento, es el paseo por el campo, con la fresca, en esta primavera reventona. He visto conejos, ardillas, y hasta un jabalí como un burro de grande que por fortuna me ignoró. El cuco es el tenor del concierto de pájaros de estos valles de Galicia, y solo los perros de las fincas se comportan como auténticos gamberros, ladrando a toda sombra que se acerque a la valla de sus dueños.

 

Como el comportamiento de los perros es el reflejo fiel de la educación del amo, ayer me atreví a protestar ante uno de ellos, especialmente maleducado, de la agresividad de su can, esa joya de pastor alemán, entrenado para matar, que con tanto celo guarda su finca. "Es que los perros están para eso, para avisarme cuando alguien pasa", me dijo el perro, o sea, el dueño del pastor alemán.

 

Me fui con el rabo entre las piernas (perdonad que os hable de sexo en día tan santo) pensando que lo lógico es que un perro entrenado para avisar no diese el coñazo a la gente sino que diligentemente corriera a "avisar" al amo. "Guau, guaaaaau, guarrrr, guau gua", que en lenguaje perruno viene a decir: "señorito, que hay alguien acercándose a la verja con una pinta muy rara".

 

Y me acordé de Aznar y Montoro, perros maleducados, entrenados para ladrar a todo el mundo, en lugar de alertar al amo con discreción de que una sombra de duda sobre la deuda soberana de España se acerca peligrosamente a la finca. No supimos educarlos a tiempo, y ya veis, ahora ladran y mean sin ni siquiera levantar la pata.