Fuego amigo

Una explosión de júbilo mortal

 

Creo estar preparado para morir, entre otras razones porque es inevitable. Para lo único que no estaba preparado era para vivir, como bien saben los que me conocen, pero mis progenitores no me dieron otra elección. Así que llevo muchos años armándome psicológicamente para marcharme de este mundo con dignidad. Sólo me da rabia morirme por una razón, y no es precisamente por la pena que provocaré en mis seres queridos, sino por la alegría con que recibirán la noticia de mi muerte mis enemigos. Eso lo llevo muy mal, para qué mentir.

 

Y más cuando echo la vista a mi alrededor y veo la explosión de júbilo colectivo ante muertes como la de Osama Bin Laden, Carrero Blanco o Francisco Franco, a los que considerábamos enemigos de la Humanidad. En los Estados Unidos de América la alegría se ha desbordado tras conocerse la muerte del terrorista más buscado del planeta, aunque no faltan voces que profetizan que tanta alegría es un error. Un error, porque el fanatismo terrorista tiene ya un gran mártir de referencia (¡Osama Segundo, te quiere todo el mundo!) por el que mantener viva la fabricación de mártires explosivos. Un error, porque no es ético alegrarse de la muerte de un congénere, aunque sea la de un asesino en serie.

 

Esa es la prueba que demuestra que he nacido con un déficit de ética crónico, porque una de las mayores alegrías de mi vida me la proporcionaron aquellos etarras que le compraron un vuelo al Paraíso a Carrero Blanco, recién duchado y comulgado. Y eso no está bien, lo reconozco, pero me da tanto gusto…

 

Gente como Bin Laden, Carrero o Franco han sembrado este mundo de malsana alegría con su muerte. ¡Qué triste que la felicidad de tantos sea la contemplación de nuestro cadáver!

--------------------------------------------------------------------------------

 

Meditación para hoy:

 

El presidente Obama ha tenido con esta muerte un 11-S al revés. Un subidón en su autoestima y en la estima colectiva de sus ciudadanos cuyos sentimientos de odio al padre de todos los terrorismos había sido alimentado de manera muy concienzuda, hasta la exasperación, por los ultranacionalistas. Era su demonio, y lo han vencido. Un día de estos sabremos cuánto ha supuesto para las arcas de los demócratas el porcentaje de subida en estimación de la figura de Obama, tan cercada últimamente por los reveses económicos y la guerra sucia de los republicanos.

 

Trasladándolo a nuestros lares, Zapatero seguramente envidia su suerte y sueña con la muerte súbita de ETA, ese terrorismo que el PP procura mantener vivo, aunque sea en la UVI, para que el certificado de defunción no ocurra bajo el mandato de los socialistas. Sería para el Partido Popular un nuevo 11-M muy difícil de superar.