Fuego amigo

Las palabras se las lleva el viento

 

Nunca como hasta ahora la imagen había sustituido con tal fuerza a los programas en las campañas electorales. Bueno, miento. Es un falso enunciado, tan falso como cuando los más viejos del lugar salen jurando por televisión que en su larga vida jamás habían conocido "una helada o una granizada como la que cayó ayer". Y es que el mal tiempo y las campañas electorales dejan siempre un poso de olvido en nuestra memoria, de tan mal que lo hemos pasado y de tan apremiantes que son las ganas de que ambos sucesos terminen de una vez.

 

Así que comienzo de nuevo. Nunca como hasta ahora se habían manipulado tan sin pudor y tan magistralmente las imágenes para sustituir o disimular ya sea los programas, ya sean las arrugas y las canas de los candidatos. Así está mejor. Mucho mejor. Ese bendito Photoshop que hace a Fraga Iribarne un chaval, que suaviza los acentos circunflejos de las cejas de Zapatero, que tiñe de negro las canas de Gallardón, que plancha las arrugas de Esperanza Aguirre y, lo que es más asombroso, que sustituye sus diminutos ojos de miope por los de una modelo de Stée Lauder, ese programa de retoque es el protagonista de la campaña electoral.

 

Al Partido Popular el Photoshop le exime de tener que explicar uno solo, tan solo uno, de los puntos de su programa de gobierno, porque le interesa presentar la imagen de que esta tontería de elecciones locales y autonómicas no es más que el ensayo general de las generales (¡a sus órdenes!). Y el PSOE escamotea las imágenes de Zapatero y del resto del gobierno con la disculpa de que ninguno de ellos se presenta.

 

Porque en realidad, en estas elecciones solo se presenta Photoshop.

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Meditación para hoy:

 

El mundo pendiente de las falsas profecías sobre terremotos devastadores en Taiwán y en Roma para el día de ayer, y resulta que Lorca era el lugar elegido.

 

El otro terremoto, el de la victoria del campeonato de Liga por parte del Barcelona, dejó ayer la celebración de la copa del Rey ganada por el Real Madrid en apenas una deslucida réplica. Claro que, en esto, los sismólogos del fútbol no se ponen de acuerdo, porque unos miden la intensidad en la escala Mourinho, y otros, en la escala Guardiola.