Fuego amigo

Más que un Parlamento, un Calvario

 

Juan Cotino, miembro del Opus Dei, presidente del nuevo Parlamento valenciano, se ha tomado la Mesa de la Cámara autonómica como su despacho particular. Mientras unos colocan las fotos de su familia, el supernumerario de la secta cristiana instala un crucifijo, quizá para representar el calvario de ese amigo invisible al que reza todos los días.

 

Por aquel entonces, Cristo compartía sacrificio con dos ladrones. Hoy, Cotino, en esa representación moderna del Calvario, además de compartir espacio con un número muy superior de presuntos ladrones de su partido, se ve flanqueado, para mayor sarcasmo, por Fran Ferri, homosexual reconocido, perteneciente a la Federación estatal de Transexuales, Gays y Lesbianas; y por Esther López, de Izquierda Unida y cofundadora de la Asociación Guerra, Exilio y Memoria Histórica del País Valenciano. Este tormento para Cotino no hay Evangelio que lo mejore.

 

Cierto es que pertenecer al Opus Dei ya implica una anomalía preocupante de la conducta. Pero el supernumerario meapilas parece olvidar que un crucifijo en el templo de la razón, además de una contradicción en los términos, es una provocación. Desde ahora preside un parlamento democrático el símbolo de una religión que ha sido cómplice de regímenes criminales y antidemocráticos, como las dictaduras fascistas española e italiana, como el nazismo, como las dictaduras latinoamericanas.

 

Una religión, históricamente antisemita, que tenía organizada una red de delatores en el franquismo, que bendecía las tropas de aquel general Queipo de Llano que, como hoy el dictador Gadafi, ordenaba "fusilar a los hombres y violar a las mujeres".

 

Más que un Parlamento, un Calvario.