Fuego amigo

Cómo y cuándo perder la virginidad

 

Además del agrio debate que se mantiene en el propio seno de IU sobre la conveniencia o no de abstenerse en Extremadura, y dar así la victoria al Partido Popular, sobrevuela otro debate, también en la izquierda, más decisivo para nuestro futuro. El movimiento 15M (desde ahora, indignados), como en su día lo fue el Mayo del 68, nació sin dirección aparente, como una marea que fue acercándose imparable a las playas donde tomaban ricamente el sol los políticos profesionales. En el 68 esa playa, como decían las pancartas, estaba debajo de los adoquines, pero los adoquines fueron utilizados como arma arrojadiza, y en su propia violencia llevaban  impresa la fecha de caducidad.

 

Los indignados de 2011, gentes de toda edad y condición, mucho mejor preparados que la generación de mi juventud, han comprendido que la violencia solo engendra violencia, es decir, engendra disculpas para utilizar las cargas policiales como la última alternativa para mantener el orden. Cientos de miles de personas, con ojos y cara y nombres, lograron el respeto y el aliento de millones de compatriotas que estamos esperando "algo", entre el milagro y la revolución (y no por ese orden) que cambie radicalmente la forma de hacer política e impida los desmanes del poder financiero para quien la fuerza del trabajo es pura mercancía, sin ojos, ni caras, ni nombres.

 

En el Congreso ayer intentaron tímidamente darse, en parte, por enterados, y algunas reivindicaciones de los indignados traspasaron los recios muros vigilados por los leones de bronce. Hubo un acuerdo unánime en que el gobierno envíe al Congreso con la máxima celeridad una Ley de transparencia de control de las instituciones públicas, donde la corrupción, ya que no es castigada con los votos, al menos sea fiscalizada con armas más eficaces.

 

Si rascáramos un poco, hasta la derecha sería capaz de suscribir buena parte del ideario de los indignados... siempre y cuando parezca que la idea se les ocurrió a los del PP. Con la sensación de que hay consenso universal sobre, al menos, qué no queremos para nuestro futuro, solo falta establecer el puente entre la utopía y los partidos políticos. Algunos partidos lo han intentado y hasta han salido escaldados, como le ocurrió a Cayo Lara el día del desahucio. Los indignados tarde o temprano tienen que dar el salto cualitativo de un mero laboratorio de ideas a la acción política, con el riesgo de desgaste que ello conlleva. Porque de alguna manera hay que perder la virginidad y mancharse las manos en esa labor de saneamiento de las cloacas del estado.

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Meditación para hoy (también):

 

La Paradoja del abuelo cuenta cómo el viajero de la hipotética máquina del tiempo podría llegar a matar al padre de su padre antes de que aquel conociera a su esposa. Si lo consiguiera, el tal viajero no podría haber existido jamás... ni tampoco haber consumado el asesinato del abuelo. Un viaje de ida y vuelta sin fin. Al calor del libro de Stephen Hawking, El universo en una cáscara de nuez, en el que dedica parte de sus ejercicios mentales a esta paradoja, se me ocurre que el espacio-tiempo puede estar jugando también una mala pasada en el asunto de Extremadura que nos ocupa estos días, en torno a la abstención de IU en favor del PP.

 

Y aquí va la explicación de la bonita Paradoja extremeña. Si IU es un partido de izquierda que abomina de la política de los partidos de derechas, se llamen PP o PSOE, parece que lo más lógico es que no apoye con su voto a ninguno de los dos. Los votantes de IU que consiguieron tres escaños para sus representantes extremeños no se abstuvieron en las pasadas elecciones, por lo tanto se supone que concedieron su voto para que fuese utilizado en su nombre. ¿Por qué usarlo con la abstención si lo coherente sería votar NO? ¿Cómo se puede uno abstener ante el enemigo que está a punto de partirle la cara? ¿Alguien de IU de Extremadura les había explicado previamente a sus votantes que solicitaban su voto para que, paradójicamente, los diputados así conseguidos pudieran abstenerse en la disputa entre los dos partidos presuntamente de derechas? ¿Por qué utilizan, para abstenerse, los votos de los que no se abstuvieron en las urnas? O bien, ¿por qué no promovieron la abstención entre sus simpatizantes, evitando así ser víctimas de una paradoja cruel?

 

Si fueran coherentes y votaran no, tanto a la opción del PSOE como a la del PP, habría que repetir las elecciones en una rueda sin fin. Me temo que en ese viaje espacio-temporal hacia unos nuevos comicios, Izquierda Unida de Extremadura llegaría a matar a sus abuelos Cayo Lara, Llamazares y Escobar... para de esta manera acabar asesinándose a sí misma.

 

Ya lo hizo en su día Julio Anguita, con notable y paradójico éxito.