La edad oscura de la televisión pública

 

Los historiadores conocen con el nombre de Edad Oscura el lapso que va desde el emperador Constantino, con la toma del poder civil y de todos los mecanismos del Estado por parte de la Iglesia Católica, y el Renacimiento, con la llegada del Siglo de las Luces. Toda ciencia que no emanara del libro sagrado o que contradijera los supuestos planes de dios allí escritos (como que el sol, por ejemplo, no era el centro del universo) conllevaba el peligro inmediato de acabar con el autor en la hoguera.

 

La religión era un poderoso instrumento de propaganda que debía funcionar como aglutinador de pueblos y razas, por encima de los distintos gobiernos. La propaganda, como bien sabían los nazis, como elemento más efectivo que el terror para conservar y justificar el poder. Por eso, la primera acción del buen golpista es tomar las radios, televisiones y periódicos, y por eso los chapuzas del 23-F pasarán a la historia como aficionados.

 

Nuestra televisión pública también sufrió su edad oscura de ocho años, cuando los dos gobiernos del hombrecillo insufrible la asaltaron y tomaron sin pudor para empezar a disparar doctrina desde ella, y no información. Esa edad oscura de Televisión Española que alcanzó cotas cómicas de manipulación informativa, como aquel inefable Ce Ce O O de Urdaci, y que expulsó a millones de televidentes, hartos de su manipulación infantil.

 

Ahora que el PP huele poder, vuelve a poner la mira telescópica sobre RTVE, mostrando poco interés en la renovación del cargo de presidente de la corporación. Como en el caso de la renovación del Tribunal Constitucional, espera alcanzar una mayoría holgada en las próximas elecciones para volver a sumir a la televisión pública en una nueva edad oscura.