Fuego amigo

Ya tenemos dos presidentes

 

No sé quién estará más incómodo en lo que resta de legislatura, si Zapatero o Rubalcaba. El primero, obligado a mantener la ficción de que su acción de gobierno es autónoma del programa del candidato; y el segundo, debiendo explicar por qué el gobierno del que era vicepresidente deja para más tarde todas esas recetas que dice conocer para enfrentarse a la crisis.

 

No es que sea una situación muy nueva, es tan vieja como el propio juego político democrático. Quizá resulte más fácil para un candidato como Rubalcaba, que tiene ante sí la posibilidad de oro de "matar al padre", algo imposible para los presidentes que se presentan a una reelección, que o se matan a sí mismos (¿sería un suicidio político?), o invierten su tiempo en justificar el pasado, más que vestir y embellecer el futuro. Las reelecciones son un trabajo de exaltación del ego, y las elecciones ex novo, cuestión de capacidad de crear ilusión.

 

Rubalcaba hizo un impecable discurso de candidato, como un recogepelotas que fue acumulando los balones perdidos, los fracasos del gobierno recién abandonado, las ilusiones fallidas de sus votantes defraudados. Curiosamente él, que siempre ha tenido fama de ministro centrado, cuya máxima ha sido la política como el arte de lo posible, más que de lo deseable, esboza un discurso de presentación, un avance de campaña electoral, virado a la izquierda, con una nebulosa propuesta de reforma de un sistema electoral que penaliza a la otra izquierda, y el aviso a la banca voraz de que deberá pagar parte de sus culpas en la crisis económica.

 

Todo muy bonito, pero, como decíamos el otro día, creo que solo la fe podrá salvar al candidato.

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Meditación para hoy:

 

La derecha dice estar muy contenta con el posicionamiento del nuevo Rubalcaba, porque su corrimiento (con perdón) deja despejado el centro sociológico donde hasta ahora se libraba la batalla de los votos más decisivos. Llamazares (IU), a pesar de que considera el discurso de Rubalcaba como "una moción de censura a Zapatero" por incumplir el programa de izquierdas, cree que tan solo se trata de un disfraz.

 

Unos, ante el enemigo que se radicaliza y que huye del centro, le ponen un puente de plata. Otros temen una invasión peligrosa de Rubalcaba en los territorios de esa izquierda que se cree la guardiana exclusiva de las esencias. Unos quieren creérselo y otros no se lo creen ni borrachos. Tengo ganas de que empiece el partido de una vez.