Fuego amigo

Las otras pruebas de estrés

 

Resulta mucho más complicado falsear las pruebas médicas de una cirrosis o de un enfisema pulmonar que las de un estado de ansiedad o estrés invalidante. En las primeras, los análisis de orina, de sangre, TAC, radiografías y demás instrumentos de medición pueden constatar con una precisión notable el estado del enfermo. Para las pruebas de estrés, basadas sobre todo en la evaluación del comportamiento del sujeto, el médico se ve obligado a tratar de distinguir entre la tragedia y la comedia, entre la enfermedad y el arte interpretativo del paciente.

 

Yo conocí a una empleada de una cadena de montaje de la industria textil, cuya marca no pienso revelar ni bajo tortura, que hoy disfruta de una gran invalidez gracias a sus dotes de actriz. El tribunal médico le dio la baja sin abrigar la menor duda, cuando lo que debería haberle dado es un óscar de interpretación. Un día nos reprodujo su escenificación ante el tribunal médico, y reconozco que aquello era de premio: se untaba el pelo con grasa de coche, la camisa era un puro lamparón para lograr el desaliño de un mendigo, hablaba de manera inconexa, y extraviaba la mirada como los mejores locos de película.

 

Me recordaba todo esto la noticia de que los médicos que atendieron a los 14 controladores aéreos del aeropuerto de Málaga, aquellos que se dieron de baja a la vez en la extraña epidemia que afectó a los controladores de toda España en el puente de la Constitución, han certificado que, como si se tratase de una enfermedad contagiosa, sus pacientes padecían todos a un tiempo un estrés invalidante.

 

El asunto tiene las mismas posibilidades de ser cierto que a Carlos Fabra le haya tocado tantas veces el gordo de la lotería, pero los médicos de los controladores y los votantes del PP parecen ser un público muy agradecido, dispuesto a dejarse envolver fácilmente por el espíritu de la comedia. Y a eso es a lo que no hay derecho, en un país con tantos y tan buenos actores profesionales mal pagados que apenas consiguen llenar la primera fila de butacas del teatro.