Fuego amigo

Ojo y Oreja con el final del terrorismo

 

Los regímenes autoritarios solucionan el problema complejo de la estrategia política con la utilización pródiga de la fuerza bruta. La represión contra el disidente o el simple asesinato como ideario político son atajos que evitan muchos debates y papeleos.

 

El viejo falangista, José María Aznar, lo explicaba meridianamente bien cuando ordenó expulsar a 103 inmigrantes nigerianos que habían invadido Melilla, a los que la policía comandada por Mayor Oreja había drogado previamente con un antipsicótico llamado Haloperidol. Justificaba entonces el aprendiz de líder planetario, muy satisfecho, la solución final aportada por su ministro del Interior, un fascista confeso y mártir: "Teníamos un problema y lo hemos solucionado". No encierra demasiada agudeza intelectual, pero al fin y al cabo no es menos simple que la definición que daba de sí mismo el hijo del dios al que adora: "Yo soy el que soy". (Me encanta la filosofía, por su complejidad intrínseca).

 

Por fortuna, a Jaime Mayor Oreja lo tenemos lejos, calentando silla en el Parlamento Europeo, calentando la silla y las mentes testiculares de la ultraderecha que anda sacando pecho esta temporada por Europa. Pero de vez en cuando se baja por aquí a tomar unos chatos en las tabernas de la caverna, como la cadena COPE, y se le desata el verbo. Como buen discípulo de Aznar ("teníamos un presidente del PP y lo hemos solucionado", je, je, …perdón) no soporta la idea de que ETA pueda anunciar su desaparición antes de las elecciones generales, para tratar así "de ayudar a Rodríguez Zapatero".

 

Mientras a unos nos angustia la pervivencia de ETA, en el PP viven aterrorizados por la posibilidad de su desaparición. Los de ETA son la de dios: han logrado formar la tormenta terrorista perfecta.