Fuego amigo

¿Se puede saber quién manda aquí?

 

Fue un mes de agosto atípico. Los dioses repartían la sequía por Galicia, el país de la lluvia, y desataban el diluvio en media España seca. Y como las desgracias no vienen solas, enviaban a su representante en la Tierra, el vicediós, aupado por las asociaciones cristianas más ultraconservadoras, en viaje de placer a costa del contribuyente español, paralizaban Madrid y llenaban de ponzoña religiosa las calles y las televisiones ociosas.

 

La policía se dejaba de "mariconadas" (en palabras de uno de sus mandos) y desenvainaba las porras contra los participantes en las manifestaciones laicas en protesta por la visita de alguien que, supuestamente con las facultades mentales intactas, se hace llamar Su Santidad. Claro que los políticos españoles, que también presumen de cordura, acudieron a besarle el anillo (el del dedo, por ahora, aunque todo se andará) a tan atrabiliario personaje que asegura ser infalible y poseer la extraña facultad de que todo lo que ate en la Tierra atado quedará en el Cielo, como si los dioses también fuesen sus vasallos. Toda la representación de un Estado soberano, el Jefe del Estado, el presidente del gobierno, los presidentes de ambas cámaras legislativas, presidentes autonómicos, magistrados, ministros... se humillaron ante un farsante que dice tener hilo directo con el más allá, como la bruja Lola, pero en zapatillas de Prada.

 

Por lo que se ve, aquí manda todo dios menos nosotros. Un papa inmoral nos dicta sus normas morales, y pretende sustituirlas por la leyes votadas en nuestro parlamento democrático sobre el aborto, la muerte digna, el matrimonio entre homosexuales, el divorcio, la enseñanza... Mientras otros dos farsantes, Angela Merckel y Sarkozy, que se creen enviados por el dios mercado, tan perverso como el de Ratzinger, nos dicen cómo y cuando hay que reformar la Constitución. España es al fin la casa de Tócame Roque.