Fuego amigo

El referéndum de la calle

 

Los viejos zorros de la política tienen siempre presente el axioma de que jamás deben hacer preguntas de las que no conozcan previamente las respuestas. De esta manera se evitan resultados desconcertantes y pasan siempre por sabios. Los sindicatos y el movimiento 15M olvidaron hacerse la pregunta de cuánta gente podrían reunir en la calle en el caso de que nos convocaran para exigir ese referéndum para la reforma de la Constitución que PSOE y PP nos han hurtado a la ciudadanía.

 

Quizá no se hicieron la pregunta porque no sabían la respuesta, una respuesta decepcionante que se ha traducido en "unos miles" de manifestantes, según las más optimistas e imprecisas contabilidades. Desde la última huelga general (las huelgas generales ya no son lo que eran) los sindicatos deberían haber aprendido que es más fácil movilizar a la gente para celebrar un triunfo futbolístico que para exigir los derechos fundamentales.

 

Un paso en falso en esta guerra de nervios, donde la exhibición de fuerza, como en las antiguas batallas a campo descubierto, debe formar parte de la estrategia intimidatoria, descorazona, sobre todo, a las propias filas, siembra en ellas el desencanto, y crea el desconcierto al comprobar que somos menos de los que nos creíamos, y que nuestra guerra no le importa ni siquiera a las propias víctimas.

 

Eso es solo lo malo.

 

Lo peor es que el fracaso de la convocatoria deja al descubierto, presuntamente, cuánta gente está interesada en exigir un referéndum. Imagino a los cuarteles generales del PP y PSOE tranquilizados con esa lectura, tras llegar a la conclusión de que, efectivamente, ese referéndum era innecesario porque apenas le interesaba a "unos miles" de conciudadanos.