Fuego amigo

Por la boca muere el candidato

 

En el PP van desgranado poco a poco su programa electoral. En realidad van aplicando en las comunidades que gobiernan las líneas maestras de lo que suponemos será ese programa. Ahorrar en sanidad pública y educación para entregar su gestión a manos privadas con criterios estrictamente empresariales (o doctrinales) y no de servicio público.

 

La precampaña electoral se la han repartido siguiendo la técnica del policía bueno y el policía malo. Aguirre, Cospedal, Pons, Arenas, Mato, Trillo, Mayor Oreja y el resto de la cuadrilla se encargan del trabajo sucio, poniendo en duda a diario la salud del estado de derecho acusando a gobierno, jueces, policía y fiscales de un contubernio contra su formación política. Rajoy es el bueno, el que no quiere subir los impuestos a los ricos (un rico cabreado vale por toda una Puerta del Sol repleta de indignados de la plebe), pero que piensa crear millones de puestos de trabajo para sacar del paro a los desempleados enviados a la calle por los malvados socialistas, y de paso, crear ilusión en los mercados de la deuda y rebajar el déficit público... aunque nadie sepa cómo lo va a conseguir aquel que no supo gestionar ni siquiera el desastre del Prestige, paralizado por los acontecimientos.

 

El policía bueno, especialmente dotado para la grosería en su anterior vida, se ha vuelto educado, y pretende gobernar a cualquier precio el guión de su propia campaña. Si en los últimos años fue imposible hacerle una sola pregunta en rueda de prensa, por culpa de unos medios de comunicación que servilmente le seguíamos el juego asistiendo a sus monólogos sin derecho a pregunta, en su equipo de campaña ya han dejado traslucir que los debates en televisión serán con preguntas pactadas previamente, y no las que los medios estimen convenientes.

 

Porque lo importante es mantener la ilusión de que Mariano tiene escondida en la bocamanga una buena idea. O dos, para asombro del universo mundo.