Marcha a Bruselas

La teoría de las ampollas

Llegados al Valle de Arán y próximos a la frontera francesa, todo "andarin" que se precie, tras tantos kilómetros, ve como sus píes se llenan de las temidas ampollas. A causa de ellas, entre los integrantes de la Marcha, corren diversas teorías sobre como atacarlas y curarlas cuando  irremediablemente aparecen en los píes.

Da igual como los prepares, puedes cubrirlos de apósitos, rodearlos de esparadrapos, vestirlos con las mejores botas o los calcetines de algodón más ecológico. Más pronto que tarde, irremediablemente aparecerán  las temidas ampollas. Y ahí es donde se desarrollan las teorías más dispares y peregrinas sobre como deben ser curadas.

Como grupo heterogéneo que somos, las teorías también lo son y desde luego algunas de ellas dignas de pasar al libro Guinnes de los records por ser totalmente inútiles y estúpidas.

La más socorrida y por tanto la que más adictos tiene es sin lugar a dudas la que proclama que hay que atacar pinchándola y después dejarla secar.

Otra teoría menos secundada pero que también conoce seguidores es la que dice que lo mejor es dejar que la naturaleza siga su curso, joderse con los dolores y a lo sumo para los menos sufridores, desinfectarla con Betadine.

Tercera opinión: aquí se presenta la cofradía del "Betadine", fármaco desinfectante que igual vale para un fregado que para una ampolla. Sus seguidores preconizan que una vez  drenada, nada mejor que inyectarle un "jeringazo" del bendito desinfectante.

Para los más bregados esta la que dice que los más "machos" se curan las ampollas quemándolas con vinagre y/o lejía. No voy a extenderme sobre los comentarios que hemos escuchado estos días sobre esta forma de atacarlas. El más delicado es imposible de transmitir al papel sin que los castos oídos de los lectores sufran.

Para los comodones, los que pasan de todo y habitualmente no sufren grandes daños en sus píes, se recomienda envolverlos en esparadrapo cual momias y dejar hacer al tiempo.

Verán ustedes que en esto como en otras muchas cosas "hay teorías para to", pero indudablemente la más sensata es la que he podido escuchar hoy de boca de una doctora que como nosotros caminaba por estos benditos senderos. Un poco del desconocido "aceite esencial", ese que tan barato venden en los herbolarios y sobre todo ajo y agua.

Ustedes verán a que teoría se apuntan